Teorías Clásicas Sobre el Suicidio
 

Teorías Clásicas Sobre el Suicidio

 

 

La ciencia se compone de errores,

que a su vez son los pasos hacia la verdad.

Jules Verne

Explicando el Suicidio

 

Los Factores Protectores y de Riesgo, o el Modelo del Proceso Suicida no son teorías en el sentido de que no buscan explicar el fenómeno del suicidio, simplemente lo describen desde la perspectiva de la estadística o desde la observación clínica. Sin embargo, hay muchos trabajos científicos que sí intentan comprender este fenómeno tan desconcertante. La pregunta es: ¿Por qué el suicidio es posible? o bien ¿Cómo es que pueden existir comportamientos tan reñidos con el natural instinto de supervivencia? Durkheim, Freud y muchos más intentaron responder estas preguntas, y, aunque ninguna de sus explicaciones llega a develar por completo el misterio, citaremos brevemente algunas de ellas ya que incluyen conceptos que pueden ser importantes para la prevención.

Teoría sociológica

La gran contribución de Émile Durkheim (1897) al campo de la suicidología fue interpretar, por primera vez y con tal contundencia, al suicidio como un fenómeno social. En oposición a las visiones imperantes a fines del siglo XIX que lo consideraban como una cuestión individual y más propia de la psiquiatría o de la moral, Durkheim encontró y describió el nexo entre las tasas de suicidio y las interacciones sociales. Así se fueron estableciendo las bases para los conceptos modernos en la prevención del suicidio que ven los temas sociales como fuentes potenciales tanto de factores de riesgo como de factores protectores.

En su obra El suicidio, el primer trabajo de investigación extenso sobre el tema, clasifica los suicidios según sus causales sociológicas. Estas descripciones pueden parecer incompletas o inexactas a la luz de los conocimientos actuales, pero, sin duda, su idea central de que la intensidad y la calidad de las interacciones entre individuos son un factor central a la hora de explicar el fenómeno del suicidio es de absoluta actualidad e influyó sobre todas las construcciones teóricas posteriores. Ver Prevención Primaria del Suicidio.

“El suicidio varía en proporción inversa al grado de integración de los grupos sociales a los que pertenece el individuo”

 

Émile Durkheim, sociólogo francés (18587-1917)

Teoría psicoanalítica

El creador del psicoanálisis, el psicólogo vienés Sigmund Freud, trató el tema del suicidio de manera tangencial. Sin embargo, sus ideas sirvieron de base para que otros investigadores intentaran explicaciones más precisas tomando al psicoanálisis como marco teórico de referencia.

La gran contribución de Freud para el entendimiento del comportamiento humano fue poner en primer plano al subconsciente y a la emotividad en la toma de decisiones. Esto que ahora nos parece natural, no lo era en una época en la que se proclamaba el triunfo de la razón y, por lo tanto, todo lo irracional se entendía como un residuo no deseado de nuestro pasado animal que la civilización debería encargarse de sojuzgar con el paso del tiempo y el progreso de la ciencia.

En la base de la construcción psicoanalítica, el comportamiento humano se explica a través de las pulsiones o instintos que empujan al organismo hacia un determinado fin. Freud reconoció dos pulsiones básicas: la pulsión de vida, que tiende a unir y crear, y que llamó Eros; y la pulsión de muerte, que tiende a destruir y separar, y que llamó Tánatos. Es así que la teoría psicoanalítica explica el suicidio básicamente por el direccionamiento de esta pulsión destructiva hacia el propio sujeto. Si bien esto no nos dice mucho más de lo que ya se ve, el verdadero aporte de la perspectiva psicoanalítica es la caracterización de la pulsión destructiva como silenciosa y inconsciente.

Las ideas de Freud no perdieron vigencia en este sentido y nos indican a quienes trabajamos en la prevención del suicidio que debemos prestar especial atención a los aspectos emocionales y latentes del discurso. Sería muy difícil “convencer” a alguien de que abandone sus pensamientos suicidas utilizando solo argumentos racionales. Gracias a Freud entendemos que las fuerzas que impulsan a una persona a llegar a tal estado son mucho más primitivas y elementales. Los argumentos pueden servir para tranquilizar, orientar y brindar seguridad, pero, siguiendo la enseñanza psicoanalítica, nuestra tarea debe estar enfocada principalmente a atender los aspectos no racionales relacionados con los afectos.

El psicoanálisis también nos propone ver al pensamiento suicida e incluso al suicidio como una cuestión de índole natural que, en definitiva, nos comprende potencialmente a todos. Todos los seres humanos, compartimos estas pulsiones básicas de vida y de muerte. La cuestión no es negarlas o intentar controlarlas, sino encontrar la mejor manera de encauzarlas. De esto se trata la prevención del suicidio. Ver Asistencia a Personas en Crisis o con Pensamientos Suicidas.

 

“La tendencia agresiva es una disposición instintiva innata y autónoma del ser humano”

 

Sigmund Freud, psicólogo vienés (1856-1939)

Teoría cognitiva

En 1976, el psiquiatra estadounidense Aaron T. Beck presentó una teoría que intentaba explicar la depresión como un proceso cognitivo, a partir de aquí podría explicarse además la aparición de pensamientos suicidas.

Con anterioridad a la teoría cognitiva, las explicaciones más aceptadas acerca de la depresión se centraban en traumas de la infancia (teoría psicoanalítica) o en cambios en la química cerebral de origen biológico. De este modo, los pensamientos negativos eran considerados un síntoma secundario de estas causas primarias. La teoría cognitiva no intenta confrontar con estas explicaciones, pero observa que los pensamientos negativos tienen un notorio papel en los procesos depresivos. Se realimentan a sí mismos y agravan los síntomas.

Beck nos habla de representaciones o esquemas negativos que se realimentan entre sí conformando lo que hoy se conoce como la Tríada cognitiva de Beck que está compuesta por: una visión negativa de sí mismo, una visión negativa del mundo y una visión negativa del futuro. La forma en que este esquema mental se instala puede ser muy diversa. Por ejemplo: Un chico que ante un fracaso en un examen escolar es calificado de “inútil” por su padre podría incorporar esta imagen de sí mismo y a partir de ella ver los futuros exámenes u otros desafíos de la vida como imposibles de superar, por lo que ni siquiera intenta hacerlo; a raíz de esta situación, desarrollará una visión del mundo como un lugar agresivo y demandante que le plantea desafíos por encima de sus posibilidades, y frente a esta visión del mundo imaginará un futuro de fracaso y abandono que reforzará la idea de que él no es lo bastante bueno.

Estos esquemas mentales, una vez instalados, actúan como filtros en la interpretación de la realidad que realiza el sujeto. Así, todas las experiencias contrarias a las ideas negativas ya instaladas serán ignoradas o interpretadas de tal forma que no entren en conflicto con ellas. Por ejemplo: Si un profesor felicita a ese mismo chico por una tarea bien hecha, él no le dará importancia al cumplido o pensará que no lo merece y que el profesor solo se lo dijo por lástima. Siguiendo este mismo ejemplo, las experiencias negativas serán magnificadas o interpretadas de modo tal que refuerzan las ideas negativas previas, por lo tanto: Si ese mismo niño un día llega tarde por un problema en el tránsito se culpará a sí mismo o pensará que no importa porque de todos modos su vida siempre será un desastre.

Todos estos pensamientos se producen en forma automática, es decir, sin que el sujeto decida conscientemente traerlos a su mente, y pueden autoinducirse generando un verdadero bombardeo de pensamientos negativos. El sesgo negativo en la interpretación de las experiencias no hace más que reforzar los esquemas negativos de pensamiento originando los síntomas de la depresión y entre ellos los pensamientos suicidas.

La teoría cognitiva fue objeto de muchos estudios y desarrollos posteriores. Citaremos aquí la contribución de la profesora en psicología estadounidense Susan Nolen-Hoeksema, quien en la década de los ’90 estudió los factores predictivos de la depresión observando que algunas personas tienen una tendencia a cavilar mucho sobre sus propios pensamientos, sentimientos o estados de ánimo, a lo que denominó “estilo rumiativo de pensamiento”; mientras que otras se enfocan más en resolver problemas reales. Esta profesora encontró que las primeras, aunque en general piensan que sus cavilaciones le ayudarán a mejorar su estado de ánimo, en realidad tienen mayor riesgo de desarrollar síntomas de depresión. Sobre la base de esto, Zindel Segal, Mark Williams y John Teasdale desarrollaron un tratamiento para prevenir recaídas en pacientes recuperados de depresión basado en la técnica de Mindfulness, orientada a modificar el estilo de pensamiento entrenando la capacidad de atención, que ya fue probado con éxito en pacientes con pensamientos suicidas.

La teoría cognitiva demostró su utilidad práctica como fundamento de la terapia cognitiva porque explica en forma simple y precisa los patrones de pensamiento observados en personas con ideación suicida. También puede ser útil como orientación en la prevención del suicidio al resaltar el papel de las representaciones cognitivas y, en particular, la Tríada de Beck en el desarrollo de pensamientos suicidas. Esto nos hace dirigir la mirada hacia la infancia y la adolescencia que son las edades en que esos esquemas mentales se forman, y al rol preponderante de los padres, educadores y adultos referentes en la implementación y desarrollo primario de estos esquemas cognitivos y, asimismo, al cuidado de la autoestima, la visión del mundo y la visión del futuro que son los vértices de la Tríada de Beck.

Sin embargo, hay cuestiones que la teoría cognitiva no explica. Si bien es comprensible que la realimentación de pensamientos negativos fomentada por la interpretación sesgada de la experiencia pueda generar pensamientos suicidas, solo algunos de los que llegan a esta instancia realizan intentos de suicidio. ¿Qué más hace falta para que una persona cruce este límite? Las Teorías Modernas sobre el Suicidio nos ayudan a comprender mejor la progresión de las etapas del Proceso Suicida.

“Al corregir las creencias erróneas, podemos terminar con las reacciones excesivas.”

 

Aaron T. Beck, psiquiatra estadounidense.

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