Fortalecer nuestros Vínculos para Prevenir el Suicidio
 

Fortalecer nuestros Vínculos para Prevenir el Suicidio

 

El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado

 

William James

Los vínculos sólidos son el mejor antídoto contra los pensamientos suicidas

Si hay algo que tienen en común todas las personas con pensamientos suicidas, además del sufrimiento que padecen, es el sentimiento de soledad en alguna de sus formas: Ya sea por estar realmente solas, sin nadie con quien compartir las experiencias propias, buenas o malas; por sentir que quienes las acompañan no las escuchan o no son capaces de entenderlas, que en realidad a nadie le importa lo que les pasa o lo que sienten o, por el contrario, que ellas no tienen nada para dar, que nadie notaría su ausencia y que los demás estarían mejor sin ellas. Si con frecuencia tenés alguno de estos sentimientos o te sentís solo de otro modo, aunque aún no hayas tenido pensamientos suicidas, debés saber que los sentimientos de soledad frecuentes y persistentes son un Factor de Riesgo de la Conducta Suicida, por lo que es recomendable hacer algo al respecto. En lo que sigue de esta página y también en la página Mejorar Nuestras Relaciones para Prevenir el Suicidio reflexionaremos sobre estos sentimientos y las posibles alternativas de acción.


Sentido de pertenencia


La mayoría de los teóricos del suicidio, desde Émile Durkheim hasta Thomas Joiner, reconocen que existe una relación entre la falta de integración social y la aparición de pensamientos suicidas. La Organización Mundial de la Salud sostiene que la integración social es un importante factor protector de la conducta suicida. A nivel emocional, la integración social genera sentido de pertenencia, que a su vez es un componente esencial del sentido de la vida.


Somos seres gregarios, participar de grupos, sentirse parte de ellos, pertenecer, y sentir que esos grupos de algún modo nos pertenecen -mi nación, mi familia, mis amigos- forma parte de nuestra condición natural. Sin embargo, en las sociedades modernas donde el éxito personal está sobrevalorado y se promueve la competencia como un medio propicio para alcanzarlo, los grupos de pertenencia suelen pasar a segundo plano. Este orden de cosas podría generar, en algunos casos, sentimientos positivos de satisfacción por los logros alcanzados, pero la falta de ámbitos de cooperación provoca en muchos más sentimientos de soledad, vacío interior y pérdida de sentido. Estos sentimientos llevan a la pérdida de la motivación y la autoestima boicoteando aquellos logros que se pretendían alcanzar y alimentando un peligroso círculo  vicioso de soledad, desinterés, fracaso, frustración, aislamiento y más soledad. Con demasiada frecuencia se recurre a los excesos con el trabajo, la comida, los placeres, la diversión, el alcohol o las drogas en un intento desesperado por llenar ese vacío existencial. Por supuesto estas acciones generan poco alivio a un precio muy alto y no llegan nunca a compensar la carencia esencial que siempre es la ausencia de un otro con quien compartir la vida.

 
Para que esto no suceda, debemos enseñar y aprender, desde el discurso, pero fundamentalmente desde el ejemplo, los valores necesarios para la cohesión grupal, como la cooperación, la amabilidad, el respeto, la lealtad y el interés superior del grupo. Estos valores deberían manifestarse en las familias, que son el modelo natural para los futuros grupos de los más jóvenes. Sin embargo, si por cualquier motivo no hemos recibido desde la infancia este tipo de ejemplos o, si aún habiéndolos tenido, la vida nos llevó por otro camino , aún nos quedan innumerables oportunidades para aprender o reaprender a construir vínculos saludables. Una crisis emocional con pensamientos suicidas puede ser la señal que estábamos necesitando para comenzar a repensar la forma en la que nos relacionamos.


El idealismo es el veneno de las relaciones


Si preguntamos a muchas personas como debería ser un amigo, una pareja, un padre, un hijo, o cualquier otra relación cercana, probablemente nos dirían que deberían ser amables, gentiles, estar siempre disponibles cuando uno los necesita, atender nuestras necesidades, estar dispuestos a escuchar, tener la respuesta o la palabra justa que uno espera escuchar, calmar nuestras angustias y otros reclamos por el estilo. Todas estas exigencias forman parte de las representaciones sociales de los vínculos ideales. Sin embargo, parten de dos errores fundamentales:

 

  • Primero: Las personas así no existen. Las relaciones reales son personas de carne y hueso, algunas veces se comportan como esperamos y otras no. Buscar la perfección en las relaciones solo puede conducir a la frustración y la soledad. 

  • Y en segundo lugar: Así no funcionan las relaciones. Las amistades y relaciones de pareja o familiares más satisfactorias son aquellas en las que uno pone el acento en dar y no en recibir. Basar una relación en lo que tenemos que recibir del otro en general no funciona bien o suele llevar a la dependencia emocional.

 

Especialmente las personas que transitan crisis emocionales con pensamientos suicidas tienden a idealizar sus relaciones. La angustia o la depresión prolongadas generan o incrementan un sentimiento de carencia emocional y un reclamo explícito o no a las personas que nos rodean para que ellas llenen esos huecos.  Lamentablemente, esta mayor exigencia suele llevar a la frustración, el deterioro de las relaciones y el agravamiento de la crisis emocional, pudiendo generar un verdadero círculo vicioso. Por eso es necesario repensar la propia actitud frente a las personas cercanas a fin de fortalecer las relaciones y revertir el círculo vicioso que va de la idealización a la frustración.


Relaciones basadas en la necesidad


Se ha escrito mucho sobre las relaciones humanas, sin embargo, muchos coinciden en que hay dos sentimientos fundamentales que hacen posible que los vínculos entre las personas se inicien y se consoliden: la necesidad y el amor. Seguramente en todas las relaciones humanas hay un poco de ambos pero, claramente, hay relaciones en las que predomina la necesidad y otras en las que predomina el amor.


Muchas personas con pensamientos suicidas suelen quejarse de sus relaciones, actuales o pasadas. Dicen no haber recibido de estas personas el afecto, la contención y el apoyo que necesitaban. También se suelen quejar del mundo o de las personas en general. Se sienten defraudadas no solo por sus amigos o familiares sino por todos, ya que no encontraron ese afecto, contención y apoyo tampoco fuera de su círculo íntimo. Las invade entonces un sentimiento de desamparo, soledad y desesperanza. El mundo se ve como un páramo desértico donde nada vale la pena, se pierde el sentido de la vida y los pensamientos suicidas aparecen. Toda esta cadena de sucesos desafortunados comienza con una manera equivocada de relacionarse.

 
Gracias a las investigaciones realizadas en el marco de la Teoría del Apego que comenzó el psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby y siguieron muchos otros, hoy sabemos que aprendemos a relacionarnos con las personas de manera saludable y satisfactoria desde nuestra primera infancia con el afecto y el cuidado que recibimos de nuestra madre u otro cuidador primario. Las personas que, por cualquier motivo, no se han podido sentir seguras, cuidadas y amadas en esta etapa crucial de sus vidas, transmiten estas carencias a sus futuras relaciones y tienden a vincularse más desde la necesidad que desde el amor. Demás está decir que estos vínculos, en general,  no resultan ni saludables ni satisfactorios, pudiendo llevar a la persona a la frustración, la soledad, el sinsentido y los pensamientos suicidas. Lo bueno es que todos, a cualquier edad, independientemente de cómo haya sido nuestra infancia, podemos aprender a relacionarnos desde el amor.


Relaciones basadas en el amor


Se ha dicho que el verdadero amor es cuando un ser completo en sí mismo decide compartir su completitud. Esta definición intenta dejar afuera el concepto de necesidad, sin embargo, no es más que otra idealización que convierte al amor en un imposible. Somos seres incompletos, todos tenemos carencias emocionales, y nos relacionamos desde lo que somos. Las relaciones basadas en el amor no intentan negar o desconocer las necesidades propias, la diferencia es que también reconocen y atienden las necesidades del otro.


Bert Hellinger, un teólogo alemán que estudió las relaciones humanas, relaciono al amor con la ayuda. De eso se trata. Incluso desde un punto de vista evolutivo el amor surge para satisfacer nuestras necesidades. Si fuéramos seres completos y no necesitáramos nada, probablemente no hubiéramos aprendido a amar. Hay otro concepto muy interesante sobre la ayuda en la obra de Hellinger: No es direccional. Con frecuencia distinguimos entre quién da y quien recibe la ayuda, sin embargo, en la ayuda bien entendida ambos reciben: uno lo que el otro le da y el primero, la satisfacción con que nos premia nuestra naturaleza por el acto de ayudar.

 
Muchas personas con pensamientos suicidas dicen sentirse defraudadas por haber ayudado a otros y no haber recibido de éstos la compensación que esperaban. Lo que a veces no se entiende es que cuando la relación se basa en el amor la compensación a la ayuda que ofrecemos viene incluida en el propio acto de ayudar. Otro tipo de compensaciones también pueden darse, pero si las esperamos o las exigimos como retribución por el acto de ayudar no estaríamos hablando de amor sino de comercio. Por eso, cuando uno ayuda desde el amor, cuando genuinamente desea el bien del otro, no es necesaria otra compensación más que aquella que nuestra propia naturaleza nos brinda.


Otro malentendido respecto del amor es que siempre debe ser correspondido. Es decir, para amar a una persona es necesario que esa persona me ame. Esto no es así y lo demuestran miles de voluntarios que ayudan a desconocidos de diferentes modos sin recibir nada a cambio, solo por amor al prójimo. La decisión de amar solo depende de nosotros. Es parte de nuestra libertad más íntima.


Algunos podrán preguntarse: ¿Cuál es la ventaja de ayudar a otros desde el amor si no debo esperar nada a cambio? Nada a excepción de la natural satisfacción por ayudar y por amar. La respuesta más simple que se les puede dar a estas personas es que lo prueben. Tal vez descubran que la satisfacción y bienestar que genera amar a otro y ayudarlo sin esperar nada a cambio es compensación más que suficiente.


Muchos pasamos nuestras vidas anhelando ser amados, algunas veces mendigando unas migajas de amor y otras comprando amor con todo tipo de atenciones para nunca recibir lo que a nuestro juicio resultaría justo. Quienes transitamos estos caminos llegamos a sentirnos decepcionados y defraudados. Todo este sucio comercio del amor que espera retribución podría evitarse tan solo con saber que la mayor satisfacción no está en ser amado sino en amar, y que no dependemos de nadie para hacerlo.


Cultivar más y mejores relaciones


Entender cómo funcionan las relaciones, que las necesitamos para preservar nuestra propia salud mental, que deben basarse en el amor y no en la necesidad, que la decisión de amar es solo nuestra por lo que no dependemos de otros para hacerlo y que una vida diferente es posible si tan solo cambiamos la actitud que tomamos frente a nuestras relaciones, es solamente el primer paso. Construir relaciones sólidas y nutritivas es una tarea que requiere práctica y perseverancia. Abandonar viejos hábitos y así transformar nuestro entorno social puede ser un camino largo y no estará libre de dificultades, pero definitivamente vale la pena. Es posible que para encarar ese camino te sea de utilidad leer nuestra página Mejorar Nuestras Relaciones para Prevenir el Suicidio.

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El Camino de la Recuperación desde el Pensamiento Suicida

 

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