Aprendiendo a Pedir Ayuda ante Pensamientos Suicidas
 

Aprendiendo a Pedir Ayuda ante Pensamientos Suicidas

 

Acompañar se trata de estar presente para el dolor de otra persona; no de hacer que su dolor desaparezca.

Alan Wolfet

¿Por qué aprender a pedir ayuda es necesario para prevenir el suicidio?


Venimos de una cultura, que por suerte está cambiando, donde niñas y niños aprenden pautas de comportamiento diferentes. A las niñas se les dice que es bueno que expresen sus emociones, incluso que lloren si están muy tristes, que pidan ayuda si lo necesitan o compartan lo que sienten. A los niños se les dice todo lo contrario: que oculten sus sentimientos, que no lloren y que sean autosuficientes. Aunque no se les diga literalmente estas palabras, en ambos casos reciben estos mensajes diferenciados que son los modelos femenino y masculino impuestos. Como resultado, suele suceder que las mujeres de todas las edades están mucho mejor preparadas para reconocer lo que sienten y para pedir ayuda en situaciones de crisis o cuando se sienten invadidas por pensamientos suicidas. Esto se verifica en las líneas de asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas donde se reciben cuatro veces más llamadas de mujeres que de varones, una proporción inversa a la de suicidios consumados que informa el Ministerio de Salud. Una primera interpretación de esta paradoja, aunque seguramente existen otros factores, es que la menor tasa de suicidios femeninos se debe justamente a que a las niñas se les enseñó mejor a pedir ayuda.


Sin embargo, la experiencia nos indica que pedir ayuda, especialmente cuando se trata de cuestiones emocionales o pensamientos suicidas, sigue resultando difícil para ambos géneros. Por eso, es necesario repasar algunas pautas para que el pedido de ayuda sea menos traumático y más efectivo. Dar y recibir ayuda es una parte central de nuestra vida en sociedad, por lo que aprender cómo hacerlo puede ser de mucha utilidad cuando se presentan situaciones difíciles.


La Organización Mundial de la Salud reconoce a la habilidad para pedir ayuda como un factor protector de la conducta suicida. Es decir, las personas que saben pedir ayuda y se permiten recibirla se exponen a un menor riesgo de suicidio. Sin embargo, las personas con pensamientos suicidas suelen estar confundidas o demasiado compenetradas en una realidad que las supera, por lo que les resulta particularmente difícil pedir ayuda. Por eso, una primera recomendación que siempre resulta útil es: dejar a un lado por unos minutos los problemas específicos, recuperar la calma y reflexionar sobre dos cuestiones básicas: La necesidad de pedir ayuda y la mejor manera de hacerlo. A esto último nos referiremos en lo que resta de esta página.


Siempre es mejor pedir ayuda de cualquier modo, que no hacerlo en absoluto. Especialmente cuando se trata de pensamientos suicidas. Pero existen algunas pautas básicas que hacen más satisfactoria la experiencia tanto para quien pide como para quien la ofrece la ayuda. Mencionaremos aquí algunas de esas pautas:


Reflexionar primero sobre mi problema


El pedido de ayuda no debe ser un intento de cargarle al otro la responsabilidad sobre la resolución de mis problemas. Mis problemas son míos y solo yo puedo decidir cómo debo resolverlos. Del otro puedo esperar, en el mejor de los casos, escucha, contención, acompañamiento en la reflexión, orientación y en algún caso algún tipo de ayuda directa; pero no debería permitir que tome decisiones por mí. Una forma de asumir la responsabilidad sobre nuestros problemas es reflexionar sobre ellos y sus alternativas de solución antes de pedir ayuda. Esto puede servirnos también para identificar nuestras dudas y plantear el problema en forma tal que resulte más fácil de entender. También puede servirnos para saber a quién y en qué circunstancias podemos pedir la ayuda que necesitamos. Cuando se trata de cuestiones personales, íntimas, que involucran nuestras emociones, y en particular cuando hablamos de pensamientos suicidas, elegir correctamente la persona a la que le pediremos ayuda es de fundamental importancia.


Elegir a la persona adecuada


Incluso las personas que tienen amplia disposición para escuchar y comprender problemas, no la tienen en todo momento ni en toda circunstancia. Algunas pueden ayudar en determinados temas y no en otros, esto no habla ni bien ni mal de ellas, tampoco es un juicio de valor ni tiene que ver con la profundidad del vínculo previo, solo nos habla de sus capacidades para escuchar o brindar ayuda.


Suele decirse que un buen amigo o amiga siempre está listo para escucharnos y devolvernos la palabra justa que necesitamos para aliviar nuestra angustia. Pero ese es solo uno de tantos mitos que idealizan la amistad convirtiéndola en un imposible. La realidad es que nuestros amigos y amigas son seres humanos de carne y hueso como nosotros, imperfectos por naturaleza, con sus propias limitaciones y sus propios problemas. Es una bendición contar con amigos para no transitar en soledad el camino de la vida. Si nos acompañan, ya están haciendo mucho por nosotros, y si en alguna ocasión, nos escuchan y alivian nuestras penas, es un regalo que debemos agradecer y retribuir, pero nunca exigir.


No todas las personas están dispuestas o en condiciones de escuchar y brindar asistencia. La experiencia de pedir ayuda y no ser escuchado puede ser frustrante para quien pide ayuda e incómoda para quien evade el pedido por cualquier motivo. Hay personas que se angustian demasiado al escuchar problemas ajenos o no se sienten preparadas para hacerlo. Es importante no juzgar estas limitaciones ni exigirles que den lo que no saben o no pueden dar.

 
En general, cuando un pedido de ayuda encuentra una respuesta favorable afianza la relación, pero esta claro que exigir a una persona lo que no está en condiciones de brindar puede deteriorar o confundir el vínculo. Casi todos conocemos a nuestros familiares o amigos, sus capacidades y sus limitaciones en base a experiencias previas. En este sentido, es importante haber pedido ayuda anteriormente por problemas menores para saber cómo reaccionaron y así intuir si están preparados para escuchar un problema grave como una crisis emocional con pensamientos suicidas. Si no hicimos esto antes o tenemos dudas, siempre podemos hacer una prueba contando solo parte de lo que nos está pasando, por ejemplo: “en estos días estuve angustiado”. Si evade el tema o no nos sentimos cómodos con su reacción, debemos recordar que este hecho no habla de nosotros o nuestra relación, tampoco de su buena voluntad o calidad como amigo o familiar, solo de su particular capacidad para ayudarnos.


Si entre nuestros familiares y amigos no encontramos a la persona que nos pueda ayudar en determinado tema es mejor preservar las relaciones y acudir a alguien que por vocación y/o profesión sepa escuchar y brindar contención, orientación y consuelo, como un religioso, un consejero, un psicólogo o una línea de asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas.


Afrontar previamente nuestras propias emociones


Cuando nos encontramos frente a un problema difícil, las emociones intensas suelen invadirnos. Podemos estar angustiados por una pérdida, enojados por una falta, preocupados por una decisión o todo eso junto. Es bueno que quien nos escuche, además de conocer los hechos y la situación actual, conozca el estado emocional que nos provoca nuestro problema. Sin embargo, si la angustia nos lleva a un llanto desconsolado, el enojo nos paraliza en una queja sin fin o la preocupación no nos deja explicarnos, la ayuda que buscamos no se producirá o se producirá en forma poco eficiente. No hay que perder de vista que la manifestación de esos sentimientos suele tener una relación directa con nuestro pedido de ayuda por lo que en el momento puede resultar imposible frenarla. En este sentido, reflexionar previamente sobre nuestro problema nos servirá para tomar distancia de esa carga emocional y nos permitirá poner en palabras nuestra situación para que quien nos escuche pueda entenderla.


Aún así, si durante el pedido de ayuda se produce uno o varios desbordes emocionales, no pasa nada. Si quien nos escucha sabe hacerlo, sabrá también comprender estas situaciones. No obstante, para que el pedido de ayuda resulte efectivo, ambos, quien escucha y quien pide ayuda, deberían recuperar un clima de relativa tranquilidad, por ejemplo, haciendo una pausa, respirando profundo o cambiando de tema para luego volver a ese tema tan difícil.


Ser asertivos


La mejor forma de lograr una buena comunicación entre las personas es a través del mensaje asertivo. Esto también funciona en el pedido de ayuda por pensamientos suicidas. La asertividad es una vía intermedia entre la agresividad y la pasividad. Si estamos pidiendo ayuda debemos descartar exigencias del tipo: “Me tenés que ayudar”, o las amenazas como: “Si no me ayudás va a pasar esto o aquello”. Este tipo de expresiones agresivas solo desvían la atención del verdadero problema. En el otro extremo, algunas personas, en su afán por ser amables o no generar preocupación excesiva minimizan sus propios problemas o los cuentan de modo tal que no llega a entenderse la gravedad de los mismos: esta sería la forma pasiva. El punto medio, es decir el modo asertivo en el pedido de ayuda, consiste en expresar los hechos con claridad, describir la situación actual, expresar los verdaderos sentimientos al respecto y la forma en que quisiéramos que la situación mejore.


Asumir una actitud de cooperación


Cuando pedimos ayuda, lo que buscamos es un punto de vista diferente para nuestros problemas. Quizás estuvimos mucho tiempo dándole vueltas a un asunto y no encontramos solución o tal vez creemos tener una respuesta, pero necesitamos reafirmarla con la opinión de alguien que no esté tan involucrado. En cualquiera de estos casos, una actitud de cooperación y abierta a otras opiniones o nuevas ideas pareciera ser la más adecuada para nuestros fines. No es necesario que luego sigamos todo al pie de la letra. En definitiva, somos nosotros los únicos responsables de la resolución de nuestros problemas y los únicos habilitados para tomar decisiones en nuestras vidas. Pero escuchar nuevas propuestas con una predisposición abierta, siempre sumará para bien a nuestra propia reflexión.


Muchas personas que piden ayuda lo hacen desde una postura confrontativa o competitiva, como si dijeran: “Si yo no encontré la solución a mi problema, vos tampoco lo harás” o como si el esfuerzo estuviera puesto en refutar las posibles opciones en lugar de colaborar en una reflexión y búsqueda de alternativas compartida. Asimismo, algunas personas parecen más interesadas en demostrar que sus problemas no tienen solución que en buscar una. No hace falta decir que un pedido de ayuda así difícilmente resulta productivo.


Esto no significa que debamos aceptar soluciones facilistas o imposibles sin ninguna objeción, pero aún estas respuestas suelen servir para especificar mejor el problema y para abrir la reflexión conjunta hacia nuevas alternativas. En lugar de descartarlas de plano podríamos pensar qué parte nos sirve. En todo caso, sabemos que es difícil que de una charla surja una respuesta óptima a un problema sobre el que ya estuvimos reflexionando mucho tiempo. En todo caso, debemos recordar que no es ese el objetivo primario del pedido de ayuda. Si en nuestro pedido de ayuda logramos sentirnos escuchados y acompañados, si pudimos percibir que alguien más se interesó por nosotros y por nuestra situación, seguramente eso servirá para que afrontemos las circunstancias particulares de nuestras vidas con renovadas energías, cambiando lo que podamos cambiar y aceptando lo que no tiene solución. En cualquier caso, sabiendo que no estamos solos. Eso mismo, saber que no estamos solos, es lo que, en definitiva, nos permitirá renovar el sentido de nuestra propia vida y empezar a recuperar nuestras ganas de vivir. 

Ver también:

Necesito Ayuda por Pensamientos Suicidas

Reflexiones sobre el Sentido de la Vida en relación al Suicidio

Elaborando un Plan de Contingencia por Riesgo Suicida

Buscando Tratamiento por Pensamientos Suicidas

escenarios saludables