Cómo Hablar Sobre el tema del Suicidio
 

Cómo Hablar Sobre el tema del Suicidio

 

Cuando hablas, solo repites lo que ya sabes; pero cuando escuchas, quizás aprendas algo nuevo.
     

Dalai Lama

¿Debemos Hablar sobre el Suicidio?

 

Antes dijimos que hablar del suicidio no solo no induce a las personas al acto, sino que podría ser una de las herramientas más poderosas para la Prevención Comunitaria de la Conducta Suicida. Sin embargo, también nos referimos a los procesos de Identificación e Imitación que se pueden disparar incluso desde el discurso o la palabra escrita, y del peligro que representan para las personas más vulnerables pudiendo incluso desencadenar pensamientos suicidas o intentos de suicidio.

 

Entonces, ¿debemos o no hablar o escribir sobre el suicidio? La respuesta categórica es sí. La Organización Mundial de la Salud y todas las organizaciones que se dedican a la Prevención del Suicidio alrededor del mundo nos dicen que hablar del suicidio en forma responsable salva vidas. La pregunta no es entonces si debemos o no hablar del suicidio, sino cómo debemos hacerlo.

Hablar responsablemente del suicidio no induce al acto, por el contrario, habilita la posibilidad de pedir y ofrecer asistencia.

 

¿Cómo hablar responsablemente del suicidio?

 

Las organizaciones a las que nos referimos antes han ido estableciendo una serie de pautas muy sencillas para tratar el tema del suicidio en diferentes ámbitos y en distintas situaciones. Aquí intentamos recopilar estas recomendaciones, pero en sí podrían resumirse en dos principios básicos.

 

1- No privar a todo aquel que lo necesite de la posibilidad de expresar libremente lo que siente, ni de los recursos necesarios para prevenir el suicidio.

2- No promover desde nuestro discurso procesos de identificación o imitación que puedan precipitar un intento de suicidio en personas vulnerables.

El discurso responsable sobre el tema del suicidio es el que no juzga ni justifica, no refiere morbosamente a métodos ni apela a otros elementos que pudieran generar identificación o imitación.

 

Para garantizar que estos dos principios básicos se cumplan es recomendable seguir estas pautas:

 

¿Cuándo debemos hablar del suicidio?

 

La OMS da una pauta muy precisa respecto a esta cuestión en su instrumento para docentes, que es aplicable también a padres y a todas las demás personas: no es necesario hablar del suicidio cuando el tema no se presenta, especialmente entre niños y jóvenes. Las principales acciones para la Prevención Comunitaria del Suicidio pueden tomarse sin mencionar el tema del suicidio. Ver Prevención Primaria de la Conducta Suicida.

Sin embargo, debemos estar preparados para no eludir el tema cuando se presente, o cuando sospechamos que puede estar presente. Por ejemplo: si en un curso se habla de la biografía de Socrates o de Favaloro, o se lee Romeo y Julieta, es inevitable que el tema del suicidio aparezca; y, además, asociado con personajes que merecen nuestra admiración por otras cuestiones. Se hace entonces necesaria una reflexión que separe al acto suicida de la obra o la vida de los personajes, que indique claramente que fue el sufrimiento lo que precipitó estos actos y que, como siempre, había otras alternativas que los personajes, sumidos en su drama, no supieron ver.

 

Estar preparados nos permite afrontar el tema del suicidio cuando este se presente 

 

¿Se debe hablar en público o en privado?

 

Cuando la inquietud es pública, como en los ejemplos anteriores, es lógico que se hable del tema en público. También es lógico hablar del suicidio en público para todas las acciones relacionadas con la comunicación o la formación en relación a la Prevención Comunitaria de la Conducta Suicida.

 

Sin embargo, para que una persona se anime a contar lo que le pasa y se sienta en libertad para hablar de sus propios pensamientos suicidas, es decir, cuando asistimos a una persona en crisis o con pensamientos suicidas, un ambiente de confidencialidad es necesario.

 

En estos casos el ideal es la charla de uno a uno en un lugar tranquilo y sin limitaciones de tiempo. Desde ya que todas estas condiciones se deben adaptar a las posibilidades reales. Particularmente con menores, cuando quien asiste no es uno de los padres, suele ser necesario que haya al menos otro adulto presente o contar con la confianza y el permiso de los padres. 

La privacidad y confidencialidad son condiciones necesarias para la asistencia a una persona con pensamientos suicidas.

 

¿A qué edad es conveniente hablar sobre el suicidio?

 

Nos gustaría decir que nunca es necesario hablar sobre el suicidio con niños o niñas, pero, desgraciadamente, el suicidio infantil es cada vez más frecuente. Por lo mismo no puede indicarse una edad límite. La regla sigue siendo la misma: no es necesario hablar del suicidio cuando el tema no esté presente, pero debemos estar preparados para hacerlo cuando aparezca.

Por supuesto, los modos y el vocabulario debe adaptarse a la edad de nuestro interlocutor. Negar a un niño o una niña el espacio y el permiso para hablar de lo que le pasa es brindarle una falsa protección. Solo desde una escucha abierta, contenedora y adecuada a la edad será posible ofrecer ayuda.

Los niños experimentan angustias tan profundas como los adultos, y también pueden pensar en el suicidio. Brindarle espacios de escucha y contención adecuados es nuestra responsabilidad como adultos.

En todos los demás casos, hablar del suicidio a niños o niñas no es necesario. La prevención más efectiva del suicidio a edades tempranas pasa por la transmisión de valores, actitudes y habilidades sociales. Ver Prevención Primaria de la Conducta Suicida.

 

¿Cómo preguntar sobre pensamientos o planes suicidas durante la asistencia a personas en crisis?

 

Lo más importante es ofrecerle a la persona asistida un ambiente amable y contenedor en el que se sienta con la libertad de contar lo que le pasa y lo que siente al respecto. Ver La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio. Sin embargo, debemos asegurarnos de entender lo que nos dice y de no introducir afirmaciones o ideas propias en la escucha. Para eso están las preguntas.

 

La persona que nos cuenta sus angustias confía en nosotros y de algún modo nos habilita a preguntar. Debemos entonces preguntar con tacto, pero sin miedo, sobre cualquier tema que consideremos pertinente. Aún así, siempre es mejor que la palabra “suicidio” la traiga el asistido. Es por un lado una forma de cuidado para no agregar más perturbaciones a una persona ya angustiada por sus problemas pero que no ha pensado en el suicidio; es además, en caso de que sí lo haya pensado, una manera de guiarlo para que tome conciencia de la gravedad de su situación.

 

Por ejemplo: si una persona que está recibiendo asistencia nos dice “tengo ganas de desaparecer” o alguna otra metáfora que pueda interpretarse como pensamiento suicida, podríamos preguntar “¿qué quisiste decir con eso de que querés desaparecer?”. Es posible que insista con más metáforas y el ciclo se repita, siempre intentando que ponga en palabras concisas lo que está pensando.

Sabemos que el tabú sobre el suicidio es muy fuerte, por lo que es probable que nuestro interlocutor nunca exprese con claridad sus pensamientos al respecto. En estos casos, y si sospechamos que podría haber pensamientos suicidas, la pregunta directa se justifica: “¿Vos me estás diciendo que pensaste en suicidarte?”.

La confesión de los propios pensamientos suicidas puede ser aterradora o vergonzosa para algunas personas. La tarea de quien asiste debe ser entonces validar sus sentimientos para que no se sienta juzgado y tranquilizar al interlocutor. Suelen ser útiles expresiones como: “Está bien. Muchísimas personas tienen pensamientos suicidas, más de las que imaginás. Lo importante es que estás buscando ayuda”. 

Los pensamientos suicidas son vergonzantes en nuestra cultura. Que el afectado los reconozca y los confiese es un paso importante hacia su recuperación y debe ser valorado.

 

Ver también: ¿Qué NO decir al hablar sobre suicidio?

escenarios saludables