Qué NO decir al Hablar sobre el Suicidio
 

Qué NO decir al Hablar sobre el Suicidio

El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo.

 

Julio Cortázar

Hablar sobre el suicidio en forma responsable ayuda a su prevención (Ver Cómo Hablar Sobre el Tema del Suicidio). Pero está demostrado que hablar sobre el suicidio sin cuidar algunos aspectos básicos no solo no ayuda, sino que puede promover Procesos de Identificación e Imitación de la Conducta Suicida

 

Para evitar que esto suceda debemos:

 

No justificar la conducta suicida con explicaciones simples

 

Cuando muere una persona a causa de suicidio lo primero que nos preguntamos es “¿por qué lo hizo?”, sin embargo esa pregunta no tiene una respuesta sencilla. El suicidio es un fenómeno multicausal en el que intervienen aspectos biológicos, personales, familiares y sociales entre otros (Ver Factores Protectores y Factores de Riesgo de la Conducta Suicida). Explicaciones simples como “se mató porque lo dejó la novia o el novio”, “porque no conseguía trabajo”, “porque no soportó la pérdida de su esposa o esposo”, o “porque vivía atormentado por los dolores”, son falsas. Y la falsedad de todas ellas queda en evidencia si pensamos que miles de personas pasan por estas situaciones sin sufrir pensamientos suicidas. Pero, el hecho de que estas expresiones sean falsas no es lo más grave. Además son peligrosas. Sugerir que alguien se suicidó por una causa determinada habilita a otros que atraviesan situaciones similares a imitarlo. Por ese motivo se recomienda evitar este tipo de justificaciones, especialmente cuando nos dirigimos a jóvenes.

El suicidio es un fenómeno multicausal, las explicaciones más simples son falsas y peligrosas

 

No exaltar o glorificar la conducta suicida

 

Muchas veces, quien muere a causa de un suicidio es una persona seguida y admirada, cuyas acciones sirven de modelo a muchos. Otras, el acto en sí podría relacionarse con la defensa de una causa política o social. Cuando se dan estas circunstancias el suicidio implica un riesgo adicional por el poder para generar identificaciones que poseen ciertas personas o causas. Lo mismo podría ocurrir dentro de una familia o una comunidad con un pariente o un vecino muy querido o que otros toman como modelo.

En todos estos casos debemos ser especialmente cuidadosos para que nuestro relato separe la admiración o amor hacia la persona, o la adhesión a su causa, del acto suicida. No se trata de quitar méritos o dejar de exaltar a la persona que cometió el suicidio ni de desacreditar la causa que defendía. No hace falta. Pero debe quedar claro en nuestro relato que el suicidio fue un error. Que fue una decisión desesperada de una persona sobrepasada por su sufrimiento que no supo o no pudo encontrar alternativas. Mostrar este aspecto humano de ningún modo desmerece la imagen de quien queremos o admiramos, pero permite a quienes lo quieren y admiran separarse de sus malas decisiones.

Valoremos a quienes ya no están por lo que nos dieron en vida.

El suicidio siempre es un error.

 

No juzgar o acusar

 

Cuando una persona muere a causa de suicidio, sus deudos, además del dolor propio de la pérdida, suelen tener que enfrentar la mirada acusadora de otros allegados. Paradójicamente, los que más se ocuparon del difunto suelen ser los más duramente juzgados. Aún cuando este juicio externo no exista, el propio afectado puede ser su juez más despiadado. Ver Sentimientos propios del duelo por suicidio.

 

Las personas con pensamientos suicidas también suelen sentirse juzgadas por sus allegados o juzgarse ellas mismas con dureza por lo que interpretan como “fracasos” en su vida. Una separación, la pérdida de un trabajo, la ruina económica, el fracaso escolar, el simple paso del tiempo que pone en evidencia aquello que aún no pudimos lograr, o varios de estos problemas juntos son la materia prima con la que las personas depresivas suelen torturarse rumiando pensamientos de frustración y culpa que a su vez alimentan sus pensamientos suicidas.

Es importante que tengamos estas consideraciones en cuenta cuando hablamos con familiares de personas que murieron a causa de suicidio o con aquellas que atraviesan una crisis emocional. Nuestro objetivo siempre debe ser llevar calma y sosiego. Como mínimo no perturbar aún más a quienes ya están sufriendo. La palabra “hubiera” debería desterrarse de nuestro vocabulario. Nuestra mirada debe estar puesta en el futuro y, al hablar de hechos del pasado, aceptar con indulgencia que cada uno hizo lo que consideró lo mejor en cada momento de su vida.

 

Marcar las falencias del otro solo genera posturas defensivas y un mayor sufrimiento a quien ya está sufriendo. 

 

No usar expresiones que naturalicen al suicidio como opción

 

Paradójicamente, aunque nos resulta tan difícil hablar seriamente sobre el suicidio, frases como: “si no me sale esto me tengo que matar”, o “por mi que se mate”, forman parte de nuestro decir cotidiano. Queda claro que quien menciona estas frases lo hace en sentido figurado, aún así, mencionar al suicidio como una opción válida frente a una dificultad contribuye a que se naturalice esa opción. Sabemos que quienes llegan a cometer actos suicidas lo hacen después de un proceso en el que naturalizar la idea es un requisito. No deberíamos contribuir a ello.

Otras expresiones como “logró suicidarse” o “después de varios intentos fallidos tuvo un suicidio exitoso”, también deberían evitarse. Un suicidio nunca debería mostrarse como un logro o un éxito, porque siempre es un error. Expresiones como “murió a causa de suicidio” o “después de varios intentos consumó un suicidio” son más apropiadas. Quienes ya pasaron por un intento de suicidio pueden recordar la vivencia como uno más de tantos fracasos en sus vidas. Reforzar esta idea es casi una invitación a que vuelva a intentarlo, esta vez con más énfasis. 

Otra expresión que deberíamos evitar es la forma reflexiva “se suicidó”. Si bien es gramaticalmente correcta, ya que el suicidio, por definición, es una acción que el sujeto realiza sobre sí mismo para provocar su muerte, el modo reflexivo denota una elección libre. Por ejemplo: “se cortó el pelo” o “se compró una camisa”. En ambos casos queda claro que el sujeto decidió realizar esas acciones libremente. Como vimos en otros apartados, el suicida no decide libremente sino presionado por un sufrimiento al que juzga insoportable y bajo la creencia de que no existen otras opciones válidas. Por ello, la expresión “murió a causa de suicidio” nos parece conceptualmente más correcta y tiene la ventaja adicional de poner al suicidio afuera del sujeto como algo a lo que hay que combatir y no naturalizarlo como una opción válida.

No referirse a un suicidio en forma morbosa, sensacionalista o usar imágenes explícitas en tal sentido

Además de que este tipo de expresiones son de mal gusto, es difícil calcular el impacto que podrían tener en una persona vulnerable o que ya esté pensando en el suicidio. Particularmente las imágenes tienen un poder directo en el subconsciente por lo que podrían generar Procesos de Identificación e Imitación fácilmente.

No hacer referencia a métodos para suicidarse si no es necesario ni usar imágenes en este sentido

Es cierto que una persona con pensamientos suicidas "no necesita que le den ideas", dependiendo cual sea su grado de afectación puede pasar mucho tiempo pensando en el suicidio y en cómo llevarlo a cabo. Sin embargo, mencionar a la ligera métodos, brindar información sobre ellos o mostrar imágenes al respecto aunque no sean explícitas, dependiendo cual fuera el contexto, puede ayudar a naturalizar la idea. Por supuesto que es necesario brindar esta información en ámbitos de formación, pero aún en estos casos hay que asegurarse de que el eje central del mensaje sea la prevención. La discusión sobre estos temas en contextos no cuidados como charlas informales o artículos periodísticos, al menos no ayuda y podría afectar más aún a personas con pensamientos suicidas.

Reflexión final

El pensamiento suicida es mucho más frecuente de lo que pensamos y las personas que están pensando en el suicidio casi nunca son fáciles de reconocer. Por ello, al hablar en público o escribir sobre el tema del suicidio siempre tenemos que pensar que alguien en nuestra audiencia puede ser particularmente vulnerable frente a lo que digamos o escribamos. Esto, sin embargo, no debe cohibirnos. Esas mismas personas son las que más necesitan que el suicidio deje de ser un tema tabú, que se hable y que se escriba sobre el suicidio, pero que se lo haga responsablemente.

Es necesario que se hable del suicidio más y en forma más responsable.

 

Ver también: 

 

Asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas  

 

Cómo hablar sobre el tema del Suicidio.

escenarios saludables