Principios de Comunicación para la Prevención del Suicidio
 

Principios de Comunicación para la Prevención del Suicidio

 

La más básica de las necesidades humanas es entender y ser entendido.

La mejor forma de entender a una persona es escucharla.

Ralph Nichols

Importancia de la Comunicación en la Prevención del Suicidio

Los seres humanos disponemos del recurso invalorable de la palabra. Ese don nos permite comunicar no solo ideas y conceptos sino también emociones y sentimientos. Sin embargo, el lenguaje no es tan preciso y unívoco como nos gustaría. A pesar de contar con la palabra, las fallas de comunicación son la causa de casi todos los conflictos interpersonales, desde discusiones conyugales hasta guerras. Los comportamientos suicidas no son la excepción.

 

Desde estas páginas insistimos en que el suicidio no es un problema individual sino comunitario. Podríamos agregar que, en última instancia, es un problema de comunicación. A las personas que piensan en el suicidio las invaden sentimientos de aislamiento e inutilidad. Por un lado sienten que a nadie le importa lo que les está pasando y por otro imaginan que los demás estarán mejor sin ellos. Estos sentimientos no son la causa de los pensamientos suicidas, pero ayudan a que prosperen. (Ver Teorías Modernas sobre el Suicidio). La prevención comunitaria de la conducta suicida debe procurar que los sentimientos de inutilidad y abandono se detengan. Para ello es importante la comunicación.

El mensaje que la comunidad debería enviarle a cada uno de sus miembros es que son aceptados y apreciados. Tan sencillo como eso, aunque, en comunicación nada es sencillo.

El suicidio es, en última instancia, un problema de comunicación.

Habilidades de comunicación

Las dificultades y los malos entendidos en la comunicación humana son conocidos desde siempre. Muchos pensadores desarrollaron técnicas específicas para evitar estos problemas. Más recientemente, Robert Bolton, consciente de las ventajas de una comunicación eficiente en la resolución de problemas interpersonales, recopiló varias de estas técnicas en lo que llamó “escucha activa”.

La escucha activa es un conjunto de habilidades de comunicación que, si se entrenan y se ponen en práctica adecuadamente, reducen la ambigüedad permitiéndole a los interlocutores conocer mejor lo que el otro piensa, siente y quiere, evitando así conflictos o resolviendo los preexistentes.

Las técnicas de escucha activa han sido aplicadas con éxito por diversas organizaciones en asistencia a personas con pensamientos suicidas alrededor del mundo. El siguiente paso para una prevención comunitaria eficiente de la conducta suicida es que el conocimiento y el uso de estas técnicas se difundan en la comunidad para que más personas se animen a escuchar a sus contactos cercanos. Si esto ocurriera extensamente, no solo contaríamos con una prevención comunitaria eficiente del suicidio sino que todos viviríamos en un mundo mejor, donde todo aquel que necesite asistencia en un momento difícil de su vida pudiera encontrarla. Ver La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio.

Aprender a escuchar puede hacer la diferencia en la prevención comunitaria del suicidio.

Teoría de la comunicación

Además de las técnicas de escucha activa, muchos desarrollos teóricos estudiaron la comunicación humana formando un cuerpo de conocimiento que se llamó teoría de la comunicación. Nos referiremos aquí solo a algunos conceptos de utilidad en la Prevención del Suicidio y en la Asistencia a Personas en Crisis o con Pensamientos Suicidas.

El proceso de comunicación

 

Como ocurre en otras áreas del conocimiento, la teoría de la comunicación tiene su propia jerga. Llamamos emisor a la persona que emite un mensaje, por ejemplo, en una conversación alguien recuerda que fue a la casa de su abuelo y dice: “Hoy fui a ver al abuelo”. Al medio elegido para comunicar, en este caso la palabra hablada, lo llamamos “canal”. Para expresar su recuerdo, el emisor tuvo que armar una frase en idioma castellano, a ese proceso lo llamamos codificación; y el idioma castellano, en este caso, es el “código” elegido. Para que la comunicación sea exitosa, quien recibe el mensaje, el “receptor”, tiene que conocer el código. Si es así podrá “decodificar” el mensaje, es decir, entender su significado. A todo el proceso se lo llama “proceso de comunicación” y, aunque explicado de este modo resulte complejo, veremos que se puede complicar mucho más.

Superposición de canales y mensajes

El proceso que acabamos de explicar, aunque con un ejemplo trivial, es lo que permite a una mente humana entrar en contacto con otra mente humana. Si no fuera por la comunicación no podríamos saber nada de lo que piensan o sienten otras personas. Por eso, la comunicación puede ser tan compleja como lo es la mente.

Sabemos que la mente humana puede operar en varios niveles simultáneamente. Señalaremos aquí solo el nivel conceptual, que nos permite entender y el nivel emocional, que nos permite sentir. Volvamos al ejemplo anterior en que una persona dice: “Hoy fui a ver al abuelo”. Lo que ocurre aquí es mucho más complejo porque hay más de un mensaje, más de un canal y más de un código. Y todos ellos se superponen.

El mensaje principal es informativo (nivel conceptual) y su código es el idioma castellano. Pero también en el tono de voz y en la gestualidad (otros canales con otros códigos) se puede saber algo del agrado o desagrado que le produjo al emisor visitar al abuelo (nivel emocional). Estos últimos mensajes los podríamos percibir incluso si el emisor no quisiera comunicarlos. Decimos entonces que toda comunicación humana transcurre a dos niveles (conceptual y emocional), usando a menudo dos códigos diferentes, (verbal y no verbal), y que al menos una parte de lo que se comunica es independiente de la voluntad del hablante  (inconsciente).

 

Entender y mejorar la forma en que nos comunicamos mejora nuestras relaciones.

Los niveles conceptual y emocional en la asistencia a personas en crisis

 

El nivel conceptual sirve para comunicar ideas y conceptos apelando a los procesos mentales de explicar, para el emisor, y de entender, para el receptor. Mientras que el nivel emocional de la comunicación sirve para comunicar emociones y sentimientos apelando a los procesos mentales de expresar, para el emisor, y comprender, para el receptor. Es importante remarcar que ambos niveles se activan en forma simultánea. Aunque mi intención fuera comunicar solo una idea, inevitablemente se filtrará un mensaje con algo de los sentimientos que esa idea me produce; y viceversa: cuando solo quiero comunicar una emoción, también estoy informando al menos mi estado emocional, por lo que el nivel conceptual no está ausente.

Cuando brindamos asistencia a una persona en crisis o con pensamientos suicidas deberíamos ser conscientes de la presencia y la simultaneidad de ambos niveles de comunicación. Es importante prestar atención para entender lo que nuestro interlocutor nos explica (nivel conceptual). No hacerlo nos privaría de información valiosa y podría interpretarse, desde el lado del asistido, como falta de interés por lo que le pasa (nivel emocional). Exactamente lo opuesto a lo que queremos comunicar. Para ello son importantes las preguntas. Preguntar sobre todo aquello que resulta ambiguo en el discurso de la persona que recibe asistencia nos ayuda a entender mejor la situación y comunica nuestro interés al interlocutor. Sin embargo, no debemos olvidar que la parte más importante de la asistencia transcurre a nivel emocional.

Los mensajes a nivel emocional también pueden adoptar el código verbal. Por ejemplo cuando validamos emociones: “¡Me imagino cómo te debes estar sintiendo!” o “¿Cómo no vas a estar enojado?”; o bien cuando ofrecemos apoyo: “Sabes que podes contar conmigo” Sin embargo, el código propio de las emociones es no verbal: el tono de voz, la cadencia del discurso, los gestos y las posturas corporales; y fundamentalmente no consciente, lo que se trasluce de nuestros sentimientos genuinos.

 

Cuando hablamos de comunicación en el plano  emocional solemos hacer referencia a la empatía. Esa capacidad humana que nos permite captar las emociones de nuestro interlocutor y responder en consecuencia. El mensaje principal que debemos comunicar a una persona en crisis o con pensamientos suicidas es que la valoramos  y que no está sola. Esto puede comunicarse con palabras, pero para que el mensaje llegue necesita del refuerzo emocional de la comunicación no verbal.

 

Algo que no dijimos de la comunicación no verbal es que nuestra mente le asigna una jerarquía superior. Cuando lo que se expresa con los gestos y el tono de voz es contrario a lo que se dice, lo que se dice suele ser ignorado. Por eso es tan importante cuidar la comunicación en el plano emocional y especialmente la comunicación no verbal durante la asistencia.

Podrían establecerse algunas reglas para que la comunicación emocional sea más eficiente, por ejemplo, reflejar el ritmo, el tono y la gestualidad del interlocutor. Sin embargo, no debemos olvidar que gran parte de la comunicación emocional es inconsciente por lo qué la mejor recomendación es que las ganas de ayudar sean genuinas. Si realmente valoramos a nuestro interlocutor y queremos acompañarlo para que pueda superar su crisis, esos sentimientos se traslucirán en nuestras expresiones no conscientes. De ahí la importancia de una actitud genuina de compromiso con el otro.

El nivel emocional de la comunicación es el más importante en la asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas.

 

Fallas en la comunicación

 

Como vimos en el ejemplo, comunicar una simple frase como “hoy fui a ver al abuelo” es realmente complejo. Sin embargo, lo es mucho más si consideramos todo el proceso. En el otro extremo, alguien tiene que recibir y decodificar el mensaje. Si todo sale bien, el mensaje recibido conservará el sentido y la intención que le quiso dar el emisor. Esto casi nunca se produce por completo ya que en el proceso ocurren fallas. Las palabras suelen ser ambiguas, pero los gestos y las expresiones mucho más. 

 

En el ejemplo muchos interpretan la palabra “ver” como sinónimo de “visitar”, sin embargo también puede interpretarse como “ver” en el sentido original del término. Tal vez el emisor solo pasó frente a la casa de su abuelo y lo vio por la ventana, o tal vez ni siquiera lo vio, solo dice que fue a verlo pero tal vez no estaba en su casa. En cuanto a las expresiones, alguien puede ver fastidio al pronunciar esta frase donde solo hay cansancio o ver enojo donde hay entusiasmo. Las interpretaciones en el plano emocional son mucho más subjetivas. Sin embargo, el obstáculo más importante en la comunicación humana suelen ser los prejuicios o preconceptos. Estos son el origen de lo que se conoce como sesgo de confirmación.

El sesgo de confirmación 

Llamamos sesgo de confirmación a la tendencia que todos tenemos de interpretar nuestras percepciones y los mensajes que recibimos en base a creencias previas de modo tal que sean compatibles con ellas. Así, solemos ignorar aquellos mensajes que contradicen nuestras creencias y resaltar los que concuerdan con ellas. Esto, obviamente es un obstáculo importante para la comunicación humana que puede acrecentarse cuando intentamos asistir a una persona en crisis o con pensamientos suicidas.

 

Las creencias previas a las que nos referimos son, por supuesto, diferentes para cada persona, pero la mayoría de las personas con pensamientos suicidas suelen creer que a nadie le importa lo que le está pasando y que los demás van a estar mejor sin ellas. Estas son, precisamente, las creencias que debemos confrontar durante la asistencia. Es preciso entonces que estemos preparados para encontrar resistencias. La única manera de lograr que quien recibe asistencia de crédito a nuestro mensaje por encima de sus propias creencias negativas es que exista un vínculo de confianza mutua entre quien asiste y quien es asistido. Si este vínculo existe previamente, tanto mejor, sin embargo la relación de asistencia tiene la particularidad de que, por necesidad de uno y por predisposición del otro, el vínculo se puede construir rápidamente, mucho más que en otras relaciones interpersonales.

Para vencer resistencias nuestro mensaje debe ser claro y unívoco. No es suficiente decirle al otro "no estás solo" hay que demostrarlo con nuestra presencia.

La relación de asistencia

La relación circunstancial y transitoria entre una persona que necesita asistencia y alguien que está dispuesto a brindarla se basa en un acuerdo tácito donde uno confía en la capacidad, o al menos en las buenas intenciones del otro al ofrecerle ayuda; y éste confía en la sinceridad del pedido de asistencia. Independientemente de cuál sea la relación previa entre estas dos personas, la relación de asistencia tiene características y dinámicas que le son propias. Es de por sí una relación asimétrica: uno escucha y otro es escuchado, uno contiene y otro es contenido, uno pide orientación y otro intenta dársela; pero no debemos permitir que la asimetría de la relación nos lleve a asumir posturas paternalistas. La dignidad y la libertad de la persona que circunstancialmente está atravesando una crisis emocional deben ser respetadas en todo momento.

Otro cuidado que debemos tener al brindar asistencia a una persona en crisis o con pensamientos suicidas es el de mantener la propia relación de asistencia. El acuerdo tácito de confianza mutua entre las dos partes que da origen a esta relación es extremadamente frágil, especialmente en los primeros momentos. Por lo tanto, para mantener ese acuerdo vigente hay algunas acciones que debemos evitar, que llamaremos en forma genérica barreras en la comunicación, así como hay otras acciones que son muy útiles y debemos realizar, que llamaremos puentes en la comunicación.

Ver también:

 

Barreras para la comunicación para la asistencia a personas en crisis 

 

Puentes para la comunicación para la asistencia a personas en crisis

escenarios saludables