Prevención Primaria de la Conducta Suicida
 

Prevención Primaria de la Conducta Suicida

 

Excava el pozo antes de que tengas sed.


Proverbio Chino
 

Prevenir el Suicidio en todas las circunstancias

 

La Prevención Primaria de la Conducta Suicida es el conjunto de acciones que se recomiendan cuando no hay indicios de crisis emocional ni de pensamientos suicidas, es decir, en casi todas las situaciones cotidianas y para casi todas las personas que conocemos. Podríamos preguntarnos: ¿por qué deberíamos realizar acciones concretas para prevenir el suicidio cuando aún no hay indicios de pensamientos suicidas? La respuesta es simple: de eso se trata la prevención, de actuar antes de que los problemas aparezcan, para estar más preparados. Cuando me pongo el cinturón de seguridad en un auto no pienso “hoy voy a chocar”, pero sé que si eventualmente tuviera un choque estaría mejor preparado para absorber el impacto. El suicidio mata a más personas que los accidentes de tránsito. Así que, si usamos el cinturón de  seguridad y nos tomamos el trabajo de aprender y aplicar las normas de seguridad vial, lo mismo podemos hacer con la Prevención Primaria de la Conducta Suicida.

 

Otra excusa habitual es: ¿por qué yo me tengo que ocupar de esto? ¿no hay expertos en la materia? La seguridad vial vuelve a ser un ejemplo adecuado. No son los expertos, ni los funcionarios, ni los agentes de tránsito los que hacen que circular por las calles sea más o menos seguro. Es la acción comunitaria coordinada de millones de personas que salen de sus casas pensando en manejar con precaución y respetar ciertas normas de circulación. Del mismo modo, la acción comunitaria coordinada de todos y cada uno puede hacer de nuestras comunidades lugares más seguros en relación al riesgo de suicidio.

Las situaciones a las que nos referimos son las más frecuentes y en las que se pueden ejercer acciones más efectivas para la Prevención del Suicidio desde la comunidad. Estas acciones están dirigidas principalmente a la promoción de valores, actitudes y habilidades sociales que les puedan servir a las personas como recursos a la hora de afrontar los problemas y las crisis que inevitablemente tendrán que atravesar durante sus vidas.

 

Por ese motivo, cuando hablamos de Prevención Primaria de la Conducta Suicida nos referimos principalmente a niños, niñas, adolescentes y jóvenes, pero no solo a ellos. Todos somos sujetos en formación por lo que siempre y a toda edad podemos revisar nuestros valores, replantear nuestra actitud frente a la vida y adquirir nuevas y mejores habilidades sociales.

Además, no se trata solo de formación. La Prevención Primaria de la Conducta Suicida consiste básicamente en mejorar el entorno en el que vivimos. En ese sentido, cuando saludamos con amabilidad a un vecino que apenas conocemos ya estamos haciendo Prevención del Suicidio. Construir un mejor lugar para vivir es, claramente, responsabilidad de todos y cada uno de nosotros.

El suicidio mata a más personas que los accidentes de tránsito.

Debemos prevenirlo.

 

Factores Protectores y Factores de Riesgo de la Conducta Suicida

 

Los expertos nos hablan de que existen ciertas condiciones o circunstancias que reducen el riesgo de que una persona sufra pensamientos suicidas o intente suicidarse a lo largo de su vida, y otras que lo incrementan. Los llaman Factores Protectores y Factores de Riesgo de la Conducta Suicida, y nos referimos a ellos en una página aparte. Aquí solo diremos que la Prevención Primaria de la Conducta Suicida se trata de acentuar los factores protectores y reducir, o al menos alivianar, el impacto de los factores de riesgo.

La Prevención Primaria de la Conducta Suicida como Proceso de Transmisión Cultural

 

Dijimos que la Prevención Primaria de la Conducta Suicida consiste en la transmisión de valores, actitudes frente a la vida y habilidades sociales. En este sentido podemos asumirla como un proceso de enseñanza/aprendizaje. De hecho, los principales escenarios de la Prevención Primaria deberían ser el hogar y la escuela.  Sin embargo, los valores, las actitudes y las habilidades sociales se aprenden fundamentalmente desde el ejemplo y el ejercicio, por lo que la distinción entre quien enseña y quien aprende suele ser difusa. Los padres, madres y docentes solemos asumir el rol de educadores, pero la experiencia de enseñar valores, actitudes y habilidades sociales nos transforma.

 

Casi sin darnos cuenta descubrimos que estamos aprendiendo, muchas veces de nuestros propios educandos. Por eso, preferimos referirnos a la Prevención Primaria de la Conducta Suicida como un proceso de Transmisión Cultural en múltiples direcciones de la que todos nos podemos beneficiar.

La prevención Primaria del Suicidio se trata de construir un mundo mejor. 

 

Transmisión de Valores 

 

No hablamos de nuestros valores con mucha frecuencia y ni siquiera pensamos en ellos muy a menudo. Sin embargo, los valores son como el aire que respiramos: aunque no los veamos ni notemos su presencia, están ahí e intervienen en cada una de nuestras decisiones. Los valores representan la importancia relativa que le damos a diferentes cuestiones en nuestras vidas. No nacemos con ellos, los aprendemos como pautas culturales de nuestros padres o de otras personas. También podemos cuestionarlos, revisarlos y cambiarlos.

Si lo miramos desde la óptica de la Prevención Comunitaria del Suicidio, la transmisión de algunos valores puede reducir o aumentar el riesgo asociado a la Conducta Suicida. En función de esto, podría resultar útil revisar nuestros propios valores y los valores que transmitimos a nuestros seres queridos. 

Como ejemplo, en algunas culturas donde se valora el éxito o el honor por encima de la propia vida, el fracaso o la deshonra podrían impulsar a una persona a cometer suicidio. Los valores de una comunidad no son un cuerpo estático. Cada uno de nosotros tenemos la libertad de revisarlos, cuestionarlos y transmitir otra versión a nuestros contactos cercanos. Y es importante que lo hagamos, porque desde los valores que aplicamos en nuestras vidas y que transmitimos, tenemos el poder de construir un mundo mejor y más seguro frente al suicidio.

 

Leer más sobre Transmisión de Valores para reducir el Riesgo Suicida.

 

Transmisión de una Actitud de Vida Positiva

 

Una actitud es la disposición de ánimo que asumimos para afrontar una situación. Así, podemos hablar de una actitud pacífica, beligerante, entusiasta, pesimista, etc. Sin dudas todos adoptamos diferentes actitudes frente a distintas situaciones. Sin embargo, se puede observar una actitud general, o de fondo, que cada persona adopta frente a la vida. Por eso podemos decir que una persona es audaz, quejosa, tímida, responsable, etc. En términos muy generales, no hay actitudes buenas o malas; cada uno es libre de elegir la actitud que le parezca adecuada para cada circunstancia o frente a la vida. Pero si hablamos de riesgo asociado a la conducta suicida, hay actitudes que aumentan ese riesgo y otras que lo reducen. Y, lo más peligroso, o tal vez lo mejor, es que las actitudes se copian y se transmiten de persona a persona como un patrón cultural. Es decir que la actitud que asumimos frente a los problemas de la vida no nos afecta solo a nosotros sino también a todos los que nos rodean. La prueba más dramática de que esto es así son las epidemias o cadenas de suicidios dentro de familias o comunidades. No debemos minimizar el poder de los Procesos de Identificación e Imitación.

La experiencia nos dice que las personas con mayor autoestima, que confían en sus capacidades, que no suelen quejarse, victimizarse o culpar a otros por sus problemas, que están abiertas a los cambios, que se muestran respetuosas de las opiniones de otros, y que saben pedir y recibir ayuda, están mejor preparadas para afrontar los problemas graves de la vida sin recurrir a pensamientos suicidas. Por eso, la próxima vez que enfrentemos un problema grande o pequeño, intentemos hacerlo con determinación y coraje. El éxito o el fracaso no son lo importante. Nuestros seres queridos nos están mirando y aprenden de nosotros cómo encarar la vida.

 

Nuestros hijos están mirando cómo afrontamos la vida:

Eso también es Prevención del Suicidio  

 

Transmisión de habilidades sociales

 

Somos seres sociales. Dependemos de otros, en varios sentidos, para vivir. Por eso, entrenar nuestras habilidades sociales es lo más importante que tenemos para aprender en la vida. Sin embargo, los programas educativos, las escuelas, y también las familias, le dan poca importancia al desarrollo de habilidades sociales. Se considera que son capacidades innatas por lo que no requieren ser enseñadas o aprendidas. Esto es cierto solo en parte. Nuestras habilidades sociales son capacidades innatas, pero como otras capacidades, requieren ser entrenadas para que se desarrollen lo mejor posible.

 

Por suerte, algo está cambiando. Un programa de entrenamiento en habilidades sociales llamado Kiva, que se desarrolló en Finlandia pero que ya se replicó en muchos países, demostró ser de utilidad para la prevención del bullying y el suicidio. En nuestras escuelas también se están implementando talleres de educación emocional. Sin embargo, es mucho lo que queda por hacer y los cambios son demasiado lentos. Es necesaria una respuesta comunitaria. 

Como otros patrones culturales, las habilidades sociales se enseñan con el ejemplo y la repetición. Por eso, es importante cómo nos relacionamos, especialmente en nuestros hogares o en las escuelas donde niños y jóvenes nos están observando, pero también en todas nuestras actividades cotidianas. 

Cuando saludamos con amabilidad a un vendedor o cuando reconocemos el rostro de tristeza en nuestro compañero de trabajo y se lo hacemos saber diciéndole “te encuentro distinto, te pasa algo?”, estamos ejercitando nuestras habilidades sociales y, a su vez, reforzando los patrones culturales de la amabilidad y la empatía. El resultado final de millones de acciones como estas es, sin duda, una sociedad mejor y con menor riesgo de suicidio.

Cambiar la Cultura en relación a la Prevención del Suicidio es un desafío para nuestra generación.

 

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