El Camino de la Recuperación desde el Pensamiento Suicida
 

El Camino de la Recuperación desde el Pensamiento Suicida

Si quieres algo que nunca tuviste,

debes hacer algo que nunca hiciste.

 

Anónimo

Asumiendo la decisión de cambiar

 

En la página Reflexiones sobre el Sentido de la Vida en Relación al Pensamiento Suicida dijimos que la recuperación es un camino arduo y prolongado. Aquí podríamos agregar que es personal. No hay una guía ni esta página pretende serlo. Sí, podemos decir que recorrer este camino requiere aceptar que el destino hacia el que nos dirigimos realmente existe. Es decir, confiar en que recuperar el sentido de la vida y las ganas de vivir es posible, aunque ahora mismo no podamos sentirlo. Está claro que este destino no vendrá a nosotros por sí solo. Tendremos que salir a buscarlo, trabajar para ello, y para eso debemos  tomar consciencia de la necesidad de cambio y asumir la decisión de cambiar.

Es posible que hayamos llegado hasta aquí culpando a otras personas, al mundo o a la mala fortuna por nuestra situación actual. Y es muy probable que muchas o todas estas apreciaciones estén sobradamente justificadas. Sin embargo, ni las otras personas, ni el mundo, ni la fortuna van a cambiar para satisfacer nuestras necesidades. Si esperamos eso caeremos nuevamente en la frustración y el pesimismo. El único cambio real y posible que está a nuestro alcance es cambiar nosotros mismos. Y, tal vez, solo tal vez, si cambiamos nuestra manera de pararnos frente a los demás, frente al mundo o frente a nuestra propia fortuna, los demás, el mundo y la fortuna también empiecen a cambiar. Lo que es seguro es que al cambiar el lugar donde estamos parados, nuestro punto de vista será otro y ya no los veremos del mismo modo.

 

Recuperando el control

 

Cuando nos sentimos abatidos por la vida, cuando no le encontramos sentido a lo que hacemos y perdemos la confianza en el futuro, lo primero que necesitamos es un otro en el que refugiarnos; alguien que no nos juzgue y nos brinde escucha, contención y acompañamiento. Sin embargo, poner en movimiento nuestra voluntad de sentido requiere de algo más. “Cierta tensión”, como diría Viktor Frankl. Es esa tensión entre lo que soy y lo que quiero ser lo que dinamiza la voluntad de sentido.

Si nos preguntamos: ¿Cuál es el sentido de la vida?, no estamos formulando bien la pregunta. El sentido de la vida es diferente para cada persona en cada momento. La pregunta correcta sería: “¿Qué necesitaría hoy para que mi vida sea más significativa? Responder esta última pregunta tampoco es fácil, pero al menos nos interroga directamente a nosotros y no a la vida. Asumimos la responsabilidad. No es la vida la que debe proveer el sentido, somos nosotros quienes debemos encontrarlo. Al asumir la responsabilidad sobre la propia vida ponemos en movimiento nuestra voluntad de sentido. En palabras de Frankl: “La esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsable”. Ser responsable es hacerse cargo de la propia desgracia para transformarla.

Asumir la responsabilidad sobre nuestras vidas puede ser doloroso, pero es la única forma de recuperar el control. Salir de ese lugar desdichado donde nos vemos a nosotros mismos como víctimas inermes. Solo asumiendo la responsabilidad sobre nuestras propias vidas podremos sostener la decisión de cambiar.
 

Reescribiendo la propia historia

 

En este estado de sinsentido y pensamientos suicidas, con frecuencia nos sentimos frustrados, fracasados o injustamente castigados por circunstancias que no elegimos; nos repetimos una y otra vez que no somos buenos para nada y que el mundo estaría mejor sin nosotros, o bien nos enojamos con el mundo y con las personas. Todos estos sentimientos se originan en experiencias pasadas que vivimos como una incoherente sucesión de fracasos, injusticias o pérdidas. La propia vida vista así no tiene sentido. Pero no debemos olvidar que no son las cosas en sí, sino la mirada que ponemos sobre las cosas, lo que les otorga sentido. Con nuestra vida también es así. El pasado no se puede cambiar pero se puede contar de otro modo y así resignificarlo. Reescribirlo en un formato más indulgente con nosotros mismos y con los demás, de una manera más justa y también más humana, que no busque perfección allí donde nunca la hubo, ni tiene por qué haberla.

 

El físico británico Stephen Hawking luego de pasar décadas sufriendo por una enfermedad terrible, incurable y degenerativa que le produjo una parálisis casi completa seguía agradecido por la vida que le tocó vivir. El mismo Viktor Frankl, cuando recordaba sus tiempos en el campo de concentración, lo hacía como un camino de aprendizaje.

Si cada uno de nosotros pudiéramos ver nuestro pasado, por encima de los hechos aislados, con orgullo y agradecimiento, si pudiéramos ver en él las enseñanzas y los acontecimientos necesarios para que hoy estemos aquí, si a su vez pudiéramos vernos a nosotros mismos como sobrevivientes de ese pasado que mal o bien pudimos atravesar, nuestras vidas cobrarían un sentido más profundo.

No se trata de negar los hechos o el dolor que nos produjeron, pero toda historia admite varias maneras de ser contada y toda vida merece ser contada de un modo heroico, porque, a pesar de los errores, propios y ajenos, nosotros y todos los demás, hicimos en cada momento lo mejor que supimos hacer.

 

Reconciliándonos con el mundo

 

El proceso de recuperación desde la pérdida de sentido o los pensamientos suicidas, puede ser muy lento y requiere de acompañamiento. En forma ideal, de acompañamiento terapéutico pero también comunitario. Cuando no existan lazos afectivos sólidos será necesario construirlos o recuperarlos. Como dijimos antes, el sentido de la vida es dinámico y por eso es difícil ponerlo en palabras, pero lo que podemos decir en base a expresiones de personas que han recuperado la capacidad para encontrarle sentido a sus vidas es que los otros siempre son importantes.

 

Las resistencias en este punto pueden ser enormes. Cuando no le encontramos sentido a la vida podemos sentirnos defraudados, traicionados, abandonados o incluso dañados o perjudicados por nuestros semejantes. Volver a confiar no es fácil, pero es necesario. Así como aprendimos a mirar nuestra propia vida con indulgencia, a aceptarnos como seres humanos falibles, debemos ensayar esta mirada también para los demás. Aceptar que el otro  puede pensar o sentir distinto sin que eso no lo haga diferente a mí en lo esencial. Que se puede equivocar e incluso puede insistir en sus errores, y no por eso deja de ser merecedor de afecto y comprensión.  Que es un ser sensible y también conoce el sufrimiento. Que es importante en mi vida, que lo necesito para que mi vida vuelva a tener sentido, y que a su vez me necesita, aunque tal vez no lo sepa. 

 

Todo esto es solo el principio, el verdadero cambio se da cuando comenzamos a amar a las otras personas, cuando los demás realmente nos importan, cuando sentimos que nuestra vida se enmarca en algo más grande. En ese momento aparece el sentido de pertenencia. Por la familia, la Nación, la Humanidad toda, una causa social, política o religiosa, el recuerdo de un ser querido, no importa: cuando hay un otro, nuestra vida se expande. En cambio el aislamiento solo conduce al sinsentido.

 

Buscando ayuda

 

Como dijimos al principio, este camino de recuperación desde el sinsentido y los pensamientos suicidas hasta recuperar una vida plena, que merezca ser vivida y, sobre todo, que la podamos vivir con entusiasmo y alegría, no es un camino único ni un trayecto lineal que se pueda marcar en un mapa.Las acciones a las que nos referimos antes son solo referencias que le sirvieron a otros para encontrarle sentido a sus vidas y dejar atrás sus pensamientos suicidas. Tampoco son acciones puntuales sino procesos que pueden llevar toda una vida y que progresivamente la irían haciéndola más significativa.

Sabemos, sin embargo, que llevar a cabo estas acciones no es fácil, y que es mucho más difícil cuando se parte de una situación de crisis emocional con pensamientos suicidas. Por eso, sin eludir la propia responsabilidad, se hace necesario buscar ayuda.

La ayuda terapéutica siempre es recomendable cuando existe un sentimiento prolongado de sinsentido o pensamientos suicidas. Es cierto, sin embargo, que aún bajo tratamiento psicológico o psiquiátrico, muchos no sienten mejorías. En algunos casos es posible que los pacientes aún no hayan tomado la decisión de cambiar o no hayan asumido la responsabilidad por su propio tratamiento. Es posible que crean que el médico, el psicólogo o los medicamentos deberían resolver su problema. Los profesionales y los tratamientos suelen ser una gran ayuda, pero ninguna persona en el mundo, ni ningún medicamento puede devolverle el sentido a la vida de otro. Solo la propia voluntad de sentido puede hacer eso. Si decidimos cambiar nuestras vidas y asumimos la responsabilidad primaria en ese cambio, los profesionales y los tratamientos podrán ayudarnos. Si aún así no vemos progresos, la decisión de cambiarlos siempre será nuestra.

Debemos admitir, sin embargo, que la ayuda profesional nunca es por sí sola suficiente. El sentido de la vida está en la vida misma, en nuestra relación con el mundo. Una buena ayuda profesional debería tener como objetivo prepararnos para reincorporarnos a la vida, para disfrutar todo lo bueno que ofrece y afrontar las inevitables vicisitudes desde la fortaleza de saber por qué luchamos y desde la seguridad de sentir que, a pesar de todo, es bueno estar vivo.

Ver también:

 

Historias de superación en relación al suicidio

 

Buscando tratamiento por pensamientos suicidas​.

escenarios saludables