La Experiencia de Monte Quemado: Un pueblo que le dijo NO al Suicidio
 

La Experiencia de Monte Quemado: Un pueblo que le dijo NO al Suicidio

Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y siente con el corazón de otro.

 

Alfred Adler

La vocación solidaria

 

Esta historia comienza, en realidad, mucho antes de que el nombre “Monte Quemado” aparezca en la mente de sus protagonistas. Tampoco se trataba de la prevención del suicidio. Aún no lo habían pensado. Simplemente sintieron ganas de ayudar. 

Ayudar desinteresadamente hace bien a quien ayuda. Eso pocos lo saben, pero quienes vivieron la experiencia de realizar acciones de ayuda suelen recordarla como algo reconfortante y sienten la necesidad de volver de algún modo al trabajo solidario. Tal fue el caso de los miembros del grupo que realizó las primeras acciones en Monte Quemado. 

 

En particular de dos amigos, Marcos Vanzini y Raúl Morello, un teólogo e historiador y un médico psiquiatra y logoterapeuta que, en la ocasión de un paseo de pesca, según cuentan, tuvieron una conversación sobre un tema poco frecuente: ¿Cómo ayudar a sus semejantes?

Ayudar desinteresadamente hace bien a quien ayuda

 

La propuesta: prevenir el suicidio en Monte Quemado 

 

Así fue cómo en el año 2013, aprovechando un contacto previo con el obispo de la Diócesis de Añatuya en Santiago del Estero, le transmitieron su inquietud. El obispo les propuso auxiliar a una pequeña población en el norte de la provincia que estaba sufriendo una “epidemia de suicidios”.

El proyecto parecía desproporcionado en relación a los recursos reales del grupo al que se sumaron otros amigos. Por empezar, aunque casi todos ya habían realizado otras tareas comunitarias, no tenían experiencia específica en Prevención del Suicidio. Mucho menos sabían cómo frenar una cadena de suicidios. Además, estaba el problema de la distancia, y de que todos los integrantes asumirían esta tarea como trabajo voluntario pero tenían a su vez otras ocupaciones, por lo que el tiempo real de trabajo en el terreno sería acotado. A pesar de estos inconvenientes, que resultaron evidentes desde el principio, el grupo aceptó el desafío.

Los desafíos movilizan nuestros recursos

 

La situación real en Monte Quemado

 

Monte Quemado es una población pequeña al norte de la provincia de Santiago del Estero, con no más de 12.500 habitantes según el último censo. En los meses previos a marzo de 2013 habían ocurrido seis muertes de jóvenes a causa de suicidio, y tomando los seis años anteriores el número de muertes a causa de suicidio ascendía a 29. Lo que equivale a más de 38 muertes por suicidio por año cada 100.000 habitantes, casi cuatro veces el promedio nacional o mundial. La localidad no contaba con ninguna oferta en servicios de salud mental públicos o privados. 

Monte Quemado - Un pueblo que dijo NO al Suicidio

 

Los recursos

 

Además de las ganas de ayudar y el trabajo voluntario de las personas que pusieron su tiempo, su empeño y sus conocimientos profesionales al servicio de la tarea, se contaba con el apoyo del Obispado de Añatuya, para hacer base en el Convento de las Hermanas de la Cruz, quienes aportaron alojamiento y comida para el equipo. En el grupo inicial había un psiquiatra y logoterapeuta, psicólogos clínicos, especialistas en adolescencia, trabajadores sociales, abogados, psicólogos sociales y muchos otros profesionales con distintas formaciones, cada uno aportando desde su saber específico para formar un equipo multidisciplinario.

 

Esta conformación colorida desde sus inicios, contribuyó a modelar el esquema de la Asociación Civil que estaba surgiendo. La experiencia posterior mostró que todos pueden colaborar desde sus saberes previos al tiempo que aprenden del resto, y que esta simbiosis de tantos puntos de vista diferentes, cuando se articula en el sentido de sumar, da como resultado acciones eficientes.

 

Todos pueden colaborar desde sus saberes previos al tiempo que aprenden del resto

El plan inicial

 

Frente a la gravedad de la situación imperante y la urgencia de encontrar soluciones el grupo pensó en instrumentar dos modalidades de acción simultáneas. Por un lado el doctor Raúl Morello brindaría su ayuda profesional en el campo de la psiquiatría en forma gratuita a todos los que la necesitaran, un servicio del que los habitantes de Monte Quemado carecían por completo.

 

En paralelo, otros integrantes del grupo fueron interactuando con diferentes actores comunales, tales como docentes, grupos parroquiales de diferentes confesiones, instituciones sociales, políticas y de justicia. En base al diálogo, la escucha y el análisis posterior de la información recabada, se intentó establecer un diagnóstico social de lo que estaba ocurriendo y además generar canales de comunicación y vínculos de confianza mutua con una comunidad para la que los recién llegados eran desconocidos.

 

Cada mes cuatro voluntarios viajaban en auto desde la zona Oeste de Gran Buenos Aires (lugar donde se formó el grupo) a Monte Quemado (2600 Km mensuales para hacer el recorrido de ida y vuelta). El doctor Raúl Morello improvisaba su consultorio en el mismo convento que servía de hospedaje al grupo donde atendía a decenas de pacientes cada fin de semana. Mientras tanto, otros voluntarios realizaban su tarea de investigación y construcción de vínculos con la idea de formular un diagnóstico que orientara acciones posteriores. Este diagnóstico estuvo listo recién después de seis meses. 

 

El diagnóstico comunitario

 

Después de los primeros seis meses de trabajo comunitario con reuniones posteriores en Buenos Aires para evaluar los resultados parciales, el equipo llegó a las siguientes conclusiones.

 

  • La comunidad se encontraba en un estado de emergencia emocional frente al dolor de tantas muertes incomprensibles y el miedo a que siguieran ocurriendo. Muchos se preguntaban quién sería el próximo.

  • Los vecinos no sabían qué hacer para salir de esta situación ni cómo hacerlo. No había planes personales ni comunitarios al respecto. Imperaba un estado de parálisis y perplejidad o bien la creencia de que nada se podía hacer.

  • A pesar de todo esto, la reacción instintiva frente a semejante calamidad era el silencio. Las personas apenas hablaban de los suicidios o los mencionaban en voz baja, como si tanto dolor, miedo e impotencia no necesitaran ser compartidos.

La situación imperante era la emergencia emocional

 

Segunda etapa de acción comunitaria: Difusión y formación

 

Los primeros seis meses sirvieron para elaborar un diagnóstico más preciso sobre lo que estaba pasando, para construir puentes de comunicación con la comunidad y para establecer vínculos de confianza mutua con los referentes comunitarios. Pero además, le sirvió al grupo de trabajo para planificar acciones futuras y aprender de la lectura de la realidad comunitaria y de la experiencia acumulada sobre prevención del suicidio por otras organizaciones.

 

Así, tomando como base las recomendaciones sobre Prevención del Suicidio de la Organización Mundial de la Salud, se planificó un curso para formar agentes de prevención del suicidio dentro de la comunidad. El objetivo final era lograr una prevención del suicidio efectiva basada en la movilización de los recursos propios de la comunidad. Para ello fue necesario clarificar conceptos, derribar falsas creencias y, sobre todo, promover una actitud proactiva sobre el cuidado de la vida desde la interacción social no profesional.

De ese primer Curso de Prevención del Suicidio participaron 136 miembros de la comunidad. Al finalizar el mismo, los participantes no solo se sentían capacitados para ayudar a sus pares en riesgo sino que, de hecho, lo estuvieron haciendo mientras duró el curso. Sin embargo, hacía falta mucho más, había que poner en movimiento a todo un pueblo, y el modelo multiplicador que se había elegido lo permitía.

Las acciones de difusión se extendieron mucho más allá de las reales posibilidades del grupo original. Especialmente para el 10 de Septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, toda la comunidad se puso en movimiento con pintadas en paredes, reuniones comunitarias, peñas folclóricas y otras actividades para promover la participación activa en el cuidado de la vida.

Además, se realizó una encuesta a los 1800 alumnos de la localidad para medir el impacto de la situación en sus sentimientos, conocer sus necesidades y disminuir angustias. Toda esa información se compartió con los docentes para facilitarles la instrumentación de intervenciones institucionales.

Durante todo ese tiempo y hasta la actualidad, el doctor Raúl Morello continuó brindando atención psiquiátrica gratuita a sus pacientes de Monte Quemado.

La formación y la difusión lograron movilizar los recursos de Monte Quemado para la Prevención del Suicidio

 

Monte Quemado hoy

 

Podemos decir que la epidemia de suicidios en Monte Quemado terminó. Pero el suicidio sigue siendo un riesgo real no solo en Monte Quemado sino en todo el mundo. Por eso, lo más valioso de todo este proceso fueron los aprendizajes. El grupo inicial que se propuso ayudar a Monte Quemado a salir del drama que estaba atravesando actuó como catalizador. Pero el trabajo importante lo hizo la comunidad con sus propios recursos y desde una verdadera vocación de cambio. 

Hoy hablar de suicidio en Monte Quemado no es mala palabra. Más personas están capacitadas y dispuestas para auxiliar a sus pares en crisis y todos saben que frente al peligro del suicidio lo peor que podemos hacer es no hacer nada.

También nosotros aprendimos en el proceso. Confirmamos que el suicidio se puede prevenir desde la acción comunitaria, que todos podemos hacer algo y que solo desde la difusión y la formación podemos lograr que los esfuerzos personales se multipliquen y así formar una auténtica red comunitaria en la que todo aquel que lo necesite, en un momento difícil de su vida, pueda sentirse escuchado, contenido y acompañado.

Todos estos aprendizajes sirvieron como base para la conformación de una institución abierta, dinámica y solidaria, que busca expandir el modelo de la Prevención Comunitaria de la Conducta Suicida que tan buenos resultados dio en Monte Quemado.

Lo más valioso de todo el proceso fueron los aprendizajes: Hoy sabemos que si una comunidad se moviliza puede decirle NO al suicidio

 

Ver también: 

 

Quiénes Somos


Prevención Comunitaria de la Conducta Suicida

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