Cómo Orientar a una Persona con Pensamientos Suicidas
 

Cómo Orientar a una Persona con Pensamientos Suicidas

Nuestra más grande libertad es la libertad de escoger nuestra actitud.

 

Víktor Frankl


 

Escuchar es siempre el primer paso

 

Como dijimos antes, la parte más importante en la asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas es la escucha. Sin una buena escucha, nuestras mejores intenciones de ayudar desde las directivas, el consejo o la derivación, con frecuencia resultarán inútiles. Ya sea porque nuestras indicaciones no se adaptan a los recursos reales de nuestro interlocutor, materiales, sociales o psicológicos; o porque, al no haber establecido previamente un vínculo de confianza mutua desde una escucha atenta, abierta y empática, nuestro interlocutor no reciba o descarte nuestras mejores recomendaciones; o porque, directamente, el otro siente que no estamos dispuestos a escuchar por lo que preferimos sacarnos el problema de encima aportando alguna solución improvisada. Por eso insistimos: Lo más importante en la asistencia es la escucha, la contención emocional y el acompañamiento en el sentir. Muchas veces solo con esto basta para que el otro encuentre sus propias alternativas de vida. Las soluciones mágicas y los consejos bien intencionados actúan más veces como barreras en la comunicación que como ayuda real. Por eso, antes de leer esta sección le recomendamos que lea: Asistencia a personas en Crisis o con pensamientos suicidas y La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio.

 

Solo una escucha empática y contenedora puede abrir el camino para una orientación efectiva.

Dicho esto, también es cierto que si una persona se acerca a nosotros con un problema, en la mayoría de los casos busca o espera una devolución, y confía en nuestro buen criterio para dársela, por ese motivo incluimos aquí algunos criterios surgidos de la experiencia sobre cómo orientar.

 

¿Ordenar, aconsejar u orientar?

 

Debemos distinguir aquí tres acciones que pueden parecer sinónimos pero no lo son: ordenar, aconsejar y orientar. El hecho de que una persona circunstancialmente solicite nuestra asistencia no implica en modo alguno inferioridad moral. La asistencia, para que sea efectiva, debe darse en un plano de paridad. 

Las órdenes o instrucciones directas del tipo “tenés que hacer esto” solo se justifican en casos de emergencia. En todas las demás situaciones son inadecuadas y podrían romper el vínculo de confianza mutua que se construyó durante la escucha.

 

Los consejos como “te conviene hacer esto” son mucho más respetuosos de la libertad del otro. Aún así, también llevan implícita la idea de que quien aconseja conoce lo que es bueno o conveniente para quien recibe el consejo mejor que él mismo. Dependiendo de la persona o la circunstancia pueden ser aceptados, pero también pueden generar oposición si el que lo recibe siente que no se está reconociendo su capacidad de tomar decisiones por su cuenta.

 

La orientación solo busca mostrar alternativas como, por ejemplo, “podrías hacer esto o también aquello, qué te parece”. O, mejor aún, “¡Qué difícil esto que me contás! ¿Pensaste qué podrías hacer al respecto?” 

El objetivo último de la orientación es mostrar alternativas que puedan ser aceptadas por quien es orientado. No se trata de pensar por el otro sino de pensar con el otro.  Las alternativas que surgen de una reflexión compartida o directamente las plantea el propio interlocutor son las que sentirá como más propias y serán las más fáciles de aceptar. 

El hecho de que circunstancialmente nos encontremos en posición de orientar a una persona en crisis o con pensamientos suicidas no implica superioridad moral. La libertad y dignidad del otro debe ser respetada.

 

¿Ayudar o asistir?

 

Otra manera de pensar el apartado anterior es preguntarnos por qué hablamos de asistencia y no de ayuda. Ayudar a una persona es solucionarle un problema o brindarle recursos para que pueda solucionarlo por su cuenta. La ayuda es una acción muy noble y muchas veces necesaria, pero, con frecuencia, no hace que el otro sea más libre sino todo lo contrario. 

 

La asistencia es una clase muy específica de ayuda, en la que al otro no se le dan recursos sino que se lo incentiva para que movilice los suyos propios. La buena asistencia no genera dependencia, por el contrario, empodera a quien la recibe. Hay veces en que un estilo de ayuda muy directa es imprescindible, pero el objetivo final siempre debe ser asistir para que quien recibe la ayuda pueda continuar su vida por sí mismo.

La mejor ayuda es la que moviliza los recursos del otro.

 

El estilo de la orientación

 

Hablamos antes de respetar la libertad de la persona que recibe asistencia, pero eso no significa que debamos ser ambiguos o poco claros en nuestro mensaje. Para no caer ni en uno ni en otro extremo, se recomienda un estilo asertivo. El estilo de comunicación asertivo se propuso como una alternativa a los estilos agresivo o pasivo.

 

Seríamos agresivos si damos órdenes o presionamos mediante amenazas como: “si no haces lo que te digo te vas a terminar matando”. La experiencia muestra que un estilo agresivo suele generar más defensas y oposición que colaboración.

En el otro extremo, un estilo pasivo que busca evitar toda confrontación como: “a mi me parece que podrías probar con esto”, resulta mucho más amable pero no incentiva ni transmite claramente la necesidad de un cambio.

En el estilo asertivo se busca la mayor claridad posible en lo que decimos y en lo que sentimos al respecto, pero aún así se respeta la libertad para actuar y sentir del interlocutor. Por ejemplo: “Vos me contaste que venís haciendo esto desde hace tiempo, y que cada vez te sentís peor. A mi me apena mucho que te sientas así, pero sabés que si seguís por el mismo camino solo podés esperar más de lo mismo. ¿no querés que pensemos juntos alguna alternativa?”.

Una comunicación asertiva ayuda al otro a asumir la responsabilidad por su propia vida y lo predispone al cambio sin invadir su libertad de decisión. Un estilo mucho más directivo solo se justifica en casos de Emergencia. Ver también Asistencia en Emergencias en relación a la Conducta Suicida.

Ser asertivo es mostrar con claridad lo que pienso y siento, pero respetando el pensar y el sentir del otro.

 

Hacia dónde orientar a personas en crisis o con pensamientos suicidas

 

Orientar es mostrar caminos posibles. Y, como dijimos antes, si esos caminos los descubre nuestro interlocutor por sí mismo los sentirá mucho más propios y será más probable que los siga. No es necesario que seamos especialmente sabios o entendidos en todos los asuntos de la vida para que nuestra orientación resulte útil. Sin embargo, el miedo a dar un mal consejo paraliza a muchas personas que, ante la posibilidad de equivocarse se niegan a brindar asistencia personas en crisis o, si llegaran a encontrarse en esta situación, buscarían evadirse con frases como “yo no entiendo de eso, mejor que veas a un psicólogo”.

 

Más allá de que la recomendación de ver a un psicólogo sea acertada en la mayoría de los casos, expresada de este modo y sin la escucha, la contención y el acompañamiento previos, podría interpretarse como: “tus problemas no me importan, andá con ellos a otra parte”. La persona que de algún modo nos pide ayuda en medio de una crisis emocional con pensamientos suicidas confía en nosotros. Defraudar esa confianza no ayudará a su proceso de recuperación. Seguramente necesitará ayuda profesional pero en primera instancia recurrió a nosotros. Si nuestra asistencia es efectiva, estará más abierta para aceptar otros tipos de ayuda.

Como dijimos antes, no hace falta conocer todas las respuestas para asistir a una persona en crisis o con pensamientos suicidas. Desde ya que cada persona y cada circunstancia es única, pero hay cuestiones muy básicas que se aplican casi a todos los casos. Algunas ya las mencionamos: todas las personas con pensamientos suicidas necesitan escucha, contención emocional y acompañamiento, y eso se lo podemos comenzar a brindar nosotros mismos.

 

Todos necesitan acceso a más medios de ayuda para atravesar la crisis. Para ello, casi siempre es bueno reforzar los vínculos grupales, familiares y comunitarios. Algunos pueden llegar a nosotros enojados o defraudados. Sumarnos a sus quejas no ayuda. Salvo en casos de violencia física o psicológica siempre es mejor promover la reconciliación del individuo con sus amigos, familia o instituciones desde la aceptación de la condición humana como imperfecta.

La ayuda profesional también es una recomendación casi siempre pertinente, pero para que la persona se sienta animada a iniciar un proceso terapéutico primero necesita reconocer la necesidad de un cambio interno, y esto implica asumir cierta responsabilidad en lo que le está pasando. Hablamos de responsabilidad, no de culpa. La culpa se siente como un castigo autoinfligido, en cambio la responsabilidad (habilidad para responder) nos empodera y nos brinda la confianza necesaria para accionar sobre nuestro sufrimiento cambiando lo que haya que cambiar o aceptando lo que no se pueda cambiar.

Para esto, debemos distinguir  entre lo que pide y lo que necesita nuestro interlocutor. El sufrimiento suele inducir en las personas demandas irrealizables. Por ejemplo: una persona afligida por la muerte de su pareja puede querer que vuelva a la vida; o un adolescente cuya orientación sexual es rechazada por su familia o su comunidad puede pedir que todos lo acepten como es. Más allá de que estos pedidos puedan parecernos justos, son imposibles o de difícil cumplimiento por lo que sólo pueden llevar a la frustración. Debemos aceptarlos y escucharlos, porque representan la forma que encuentran estas personas para expresar lo que sienten, pero llegado el momento de la devolución debemos centrarnos en lo que realmente necesitan: transitar el duelo por la pérdida de su pareja o aceptar que las personas tienen prejuicios debidos a su formación, más allá de sus buenas intenciones, y que cambiarlos es un trabajo que demanda mucha paciencia y tolerancia mutua.

Este tipo de reflexiones que no desconocen el sentir de nuestro interlocutor pero que amplían el panorama son las que más útiles resultan a la hora de mostrar alternativas de vida.

Orientar es mostrar alternativas.

Ver también:

Buscando tratamiento por pensamientos suicidas​.

escenarios saludables