El Proceso Suicida - Etapas Avanzadas
 

El Proceso Suicida - Etapas Avanzadas

 

En los momentos de crisis,

solo la imaginación es más importante que el conocimiento.

 

Albert Einstein
 

Etapas Iniciales

 

Si aún no lo hiciste, te recomendamos que leas previamente El Proceso Suicida - Etapas Iniciales.

El plan suicida

Un verdadero plan suicida implica cuestiones mucho más concretas que simplemente pensar en atentar contra la propia vida o fantasear cómo hacerlo.

 

Hay detalles que las personas piensan a medida que se familiarizan con la idea y van afianzando su decisión. No solo el método a utilizar, sino también cuándo y dónde hacerlo. Muchas veces hasta toman recaudos o hacen preparativos como pedirle a un amigo que prometa ocuparse de la mascota si le llegara a “pasar algo” o regalar objetos muy personales y queridos.

 

El plan suicida puede ser muy simple y demandar solo unos minutos de preparación, pero en ocasiones incluye preparativos de meses o años, como esperar el casamiento de un hijo o que se vaya a vivir solo. Dijimos antes que la asistencia es posible en todas las etapas del proceso suicida y esto es así, pero a medida que se consolida la decisión, las personas suelen volverse más cerradas y distantes, por lo que llegar a conmoverlas y ayudarlas a repensar su decisión puede resultar más difícil. Aun así, el plan suicida no indica que necesariamente se vaya a cometer un intento. Llegar al acto requiere cruzar un límite más.

Intento de suicidio

Es llamativa la cantidad de intentos fallidos de suicidio que se producen: más de veinte por cada suicidio consumado según estimaciones de la OMS. Una sola persona puede llegar a realizar varios intentos de suicidio sin llegar nunca a consumarlo. Esto nos hace pensar que no todos los intentos de suicidio se originan en una firme decisión de morir.

 

Algunas veces el intento de suicidio puede ser un pedido de ayuda o también un intento extremo de manipulación. Aun así, estos intentos no están exentos de riesgo de muerte o de lesiones graves y permanentes, muchas veces incapacitantes. No deben ser considerados como simulaciones por más inocuos que parezcan. Los intentos de suicidio fallidos pueden ser ensayos o entrenamientos previos para un suicidio que finalmente se consuma.

 

Haber tenido intentos de suicidio previos, especialmente recientes, es uno de los principales factores de riesgo de la conducta suicida.

 

Otra conclusión que podemos sacar con respecto a la alta cantidad de intentos en comparación con los suicidios consumados es que el intento de suicidio no representa el final para las tareas de prevención. Por el contrario, en muchos casos puede ser el comienzo. Muchísimas personas que después de uno o varios intentos de suicidio lograron reencausar sus vidas son pruebas fehacientes de que la recuperación es posible aún desde las últimas instancias del proceso suicida. Aunque siempre es mejor encarar las tareas de prevención mucho antes.

Suicidio consumado

El suicidio es el fin para quien trágicamente llega a esa instancia; pero quedan familiares, amigos, compañeros, conocidos...

Todas las etapas del proceso suicida pueden transcurrir en absoluto silencio, al punto de que muchas veces ni siquiera las personas más cercanas llegan a darse cuenta de lo que pasa en su propia casa. La consumación de un suicidio es difícil de ocultar, y su onda expansiva puede afectar a muchas personas, desde los más cercanos hasta otros supuestamente lejanos o desconocidos, como se comprueba en casos de personas famosas, cuyo suicidio impacta masivamente.

El proceso suicida es un recorrido individual y una construcción social. Los que acompañan desde los lugares en que les toque hacerlo, por acción u omisión, siempre son partícipes. Sin embargo, la consumación de un suicidio implica, más que en ninguna otra etapa de este proceso, un carácter público.

Las tareas de prevención no terminan con la consumación del suicidio sino que deben dirigirse a la familia, a los grupos sociales y a la comunidad afectada.

Cómo interpretar el Proceso Suicida

Por cuestiones de claridad, el Proceso Suicida se presenta aquí como una serie de etapas de un camino a recorrer, y para algunos sujetos individuales puede ser así, pero a nivel poblacional este recorrido funciona como una pirámide numérica que va de mayor a menor.

De los innumerables problemas que todos tenemos, solo algunos se transforman en conflictos. De esos conflictos, solamente algunos generan crisis; y al mismo tiempo, quienes sufren una crisis no siempre tienen fantasías de evasión, y si las tienen, no todos padecen fantasías de muerte. A su vez, muchas menos personas alcanzan a tener pensamientos suicidas; un porcentaje menor realiza intentos de suicidio; y finalmente un número más chico muere por suicidio.

A pesar de esta estructura piramidal de mayor a menor, cientos de miles de personas mueren cada año en todo el mundo a causa de suicidio, lo que nos lleva a pensar que la cantidad de personas que se encuentran en las etapas previas es inmensamente grande.

La sucesión lineal de las etapas, una después de otra en un orden preestablecido, es una simplificación. Como dijimos antes, la recuperación es posible en cualquiera de estas etapas, pero también el sujeto puede recorrer picos y mesetas, y retornar donde dejó, ir un poco más atrás e incluso volver al comienzo del proceso. Otro dato importante es que las recaídas son frecuentes, por lo que en un mismo sujeto puede reanudar un tramo del proceso varias veces.

Con respecto a estos avances y recuperaciones, hay que tener en cuenta que las personas que han vivido alguna de las etapas del proceso suicida y se han recuperado pueden transitar sus vidas de manera tranquila y sin temor a reincidir. Pero también podría suceder que frente a una nueva situación se repitieran los mecanismos de afrontamiento conocidos, volver a conectar con la idea de su propia muerte y retomar donde dejaron o situarse en otra de las fases del proceso suicida. Aunque también es cierto que quienes ya lo superaron una vez suelen confiar en su capacidad de lograrlo y en que la recuperación es posible.

La recuperación es posible desde cualquier etapa previa del proceso suicida, pero el riesgo de reincidencia no debe ser subestimado.

Independientemente de las idas y vueltas descritas en el párrafo anterior, el proceso suicida se torna variable y heterogéneo porque cada persona tiene su propia velocidad y tiempos para hacer su recorrido; esa particularidad hace que todo el proceso pueda durar días, meses, años o décadas. Algunas personas pueden instalarse durante décadas en una sola fase, por ejemplo, en las fantasías evasivas o en las fantasías de muerte o en pensamientos suicidas; no avanzan, pero tampoco logran una recuperación. En estos casos crónicos, recuperarse y llevar una vida mejor es posible, aunque también lo es seguir adelante hasta llegar al suicidio, por lo que no se debe minimizar el riesgo.

Por lo general, se considera que a medida se avanza en el proceso suicida el riesgo es mayor, pero también hay que evaluar la velocidad, es decir, la rapidez con que se está haciendo ese recorrido,  la repetición, y hasta qué instancia se llegó en un recorrido anterior.

 

Validez como modelo del Proceso Suicida

Como dijimos antes, el Proceso Suicida es un modelo, un esquema que pretende unificar en un solo marco teórico innumerables relatos. Sin embargo, la crónica periodística pareciera querer desafiarlo permanentemente. Por ejemplo, cuando se informan suicidios repentinos: un corredor de bolsa al enterarse de un quebranto; una esposa luego de saber que su marido la engañó; un paciente al recibir un diagnóstico muy grave. En casos como estos, pueden pasar algunas horas o incluso minutos desde que se verifica determinada situación hasta el suicidio consumado. No parece haber tiempo suficiente para recorrer todo el Proceso Suicida. Tal vez existan excepciones, pero lo más probable es que en la mayoría de estos casos, si no en todos, el proceso suicida ya haya sido recorrido en tiempos razonables en medio de otras crisis. Por ello, cuando la nueva crisis aparece, la familiaridad con la propia muerte y con la idea de llevarla a cabo ya existía.

Estos ejemplos pueden servir para aclarar otro punto importante. Desde la descripción que hicimos del Proceso Suicida pareciera que se da demasiada importancia al problema, decimos que todo comienza con un problema y podría interpretarse que un problema es la causa del suicidio. El lenguaje popular también apoya esta idea con expresiones como: “Se suicidó porque sufrió un quebranto”, “lo hizo porque su marido la engañó” o “fue porque le detectaron una enfermedad grave”. Resulta evidente que estas no son causas suficientes, ya que la mayoría de las personas que atraviesan situaciones similares no se suicidan. El Proceso Suicida no pretende explicar el fenómeno del suicidio, viene a dar una descripción genérica sobre hechos clínicamente observables. Por lo tanto, debemos destacar que no es solo el problema, sino, fundamentalmente, el déficit de recursos con los que un sujeto cuenta al momento de afrontar determinadas situaciones lo que permite que el proceso avance. (Ver Prevención Primaria de la Conducta Suicida).

Otros casos que parecieran no encajar en el Proceso Suicida son aquellos en que no aparece el problema, ni el conflicto, ni la crisis. Algunas personas con pensamientos suicidas pueden llegar a decir: “Mi vida es perfecta, pero no tengo ganas de vivir” –o “No tengo problemas, pero no le encuentro sentido a la vida”. Algo que no dijimos aún de los problemas, los conflictos y las crisis es que no siempre somos conscientes de ellos; es más, por lo general los problemas más concretos y cotidianos ocultan otros más importantes que suelen ser el origen de los primeros. (Ver Reflexiones sobre el Sentido de la Vida en relación al Suicidio).

El esquema que presentamos, aunque lógicamente simplificado, admite infinitas variantes y complejidades en los casos particulares. No pretende explicar por qué ocurren las cosas, solo brinda una descripción general basada en observaciones clínicas. Algunas explicaciones de este fenómeno tan desconcertante las podemos encontrar en las Teorías Clásicas Sobre el Suicidio.  

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