La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio
 

La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio

Nadie es tan pobre que no tenga nada para dar,

ni tan rico que no tenga nada para recibir.

 

Anónimo

 

Por qué la Escucha es importante en la Prevención del Suicidio

 

Cuando asistimos a una persona que atraviesa una crisis emocional o sufre pensamientos suicidas, podemos sentir que nada de lo que tenemos para dar le será útil. De hecho, nuestro interlocutor suele plantearnos problemas para los que no tenemos solución y relaciona directamente sus problemas con su sufrimiento o con sus pensamientos suicidas. Parece un callejón sin salida. Sin embargo, lo primero que el otro necesita, lo que todos necesitamos cuando atravesamos una crisis emocional, es un otro en el que refugiarnos. La escucha es la manera más efectiva para demostrarle a él o a ella que ese otro existe, que somos nosotros y que estamos disponibles. Luego se verá la forma de movilizar sus recursos para hacer frente a sus problemas, pero sin ese primer paso que es la escucha nada de esto es posible.

 

Especialmente las personas que sufren pensamientos suicidas suelen sentirse solas en el mundo. Aún estando acompañadas, sus sentimientos le dicen que a nadie le importa lo que les está pasando. Este tipo de soledad emocional es muy peligrosa porque aísla al individuo privándolo de su capacidad para encontrarle sentido a su vida. La escucha en estos casos suele ser de vital importancia. Podría ser el único hilo que conecte a la persona con el mundo.

Una escucha atenta, genuina y empática tiene el poder de quebrar el aislamiento y reducir el riesgo suicida.

 

¿Cómo escuchar?

 

Escuchar es una capacidad innata de los seres humanos, si no la tuviéramos, al menos en cierto grado, no podríamos integrarnos socialmente. Sin embargo, a nadie escapa que hay personas que escuchan mejor que otras. Ellas tienen la habilidad, no solo de entender lo que decimos y captar el sentimiento que subyace en lo que decimos, sino también, de algún modo, de hacérnoslo saber. Nos brindan esa sensación de “sentirse escuchado” que resulta reconfortante en todo momento, pero muy especialmente en circunstancias en que atravesamos una crisis emocional.

La buena noticia es que esta habilidad o conjunto de habilidades se pueden entrenar. Como dijimos antes, la capacidad de escuchar es innata, pero implica habilidades que deben ser entrenadas para que se desarrollen en todo su potencial. Lamentablemente, aunque las habilidades de comunicación son fundamentales, no solo en la asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas sino en casi todas las actividades humanas, es poco lo que se nos enseña sobre ellas. Este problema fue advertido por Robert Bolton quién sistematizo un conjunto de pautas que denominó "Escucha Activa" y que describe en su libro Habilidades personales, cómo autoafirmarse, escuchar a otros y resolver conflictos.

Sentirse escuchado es como encontrar un oasis en el desierto de desolación de una crisis emocional.

 

¿En qué consiste la Escucha Activa?

  

La Escucha Activa en realidad existe desde siempre. El mérito de Bolton consistió en recopilar estrategias efectivas de comunicación, sistematizarlas y demostrar su utilidad en la resolución de muchos tipos de conflictos personales o interpersonales. Cuando a mediados del siglo XX aparecieron las primeras líneas de asistencia a personas con pensamientos suicidas (suicide hotlines), pronto quedó demostrada la efectividad de esta técnica en la prevención del suicidio.

Asimismo, si más personas tuvieran la disposición de escuchar y conocieran al menos los fundamentos básicos de la escucha activa, no solo en los consultorios o en los servicios especializados sino también en la vida cotidiana, si cada uno de nosotros tuviéramos la disposición y el entrenamiento mínimo para escuchar a nuestros seres queridos y a nuestros contactos cercanos, una prevención comunitaria del suicidio más efectiva sería posible.

La experiencia demuestra que la escucha activa es el mejor medio para asistir a una persona en crisis o con pensamientos suicidas.

 

Habilidades de comunicación 

 

Las principales habilidades de comunicación para la escucha activa son: prestar atención, reflejar palabras, reflejar pensamientos, reflejar emociones, e invitar a continuar. Nos referiremos a ellas:

 

Prestar atención

 

Parece lógico que para escuchar a otra persona sea necesario prestar atención, pero la atención no depende solo de la voluntad, es una habilidad que se entrena y que se practica mejor en un ambiente adecuado. Cuando pretendemos escuchar a alguien, especialmente si es una persona que atraviesa una crisis emocional o sufre pensamientos suicidas, debemos preparar el ambiente y prepararnos nosotros mismos.

El objetivo es centrarnos en nuestro interlocutor, lo que le pasa y lo que siente, ningún otro acontecimiento o pensamiento debería perturbar nuestra atención. El lugar debe ser tranquilo y debemos disponer de un tiempo exclusivo para la escucha. Si estamos apurados o debemos resolver otro asunto, es preferible hacérselo saber y acordar otro momento para la escucha.

La asistencia a una persona en crisis o con pensamientos suicidas es un tiempo de nuestra vida que entregamos generosamente al otro. Nada más debe importar en ese momento.

 

Reflejar palabras

 

Prestar atención nos ayudará a entender lo que nos dicen, pero para que nuestro interlocutor sepa que lo estamos escuchando debemos dar algunas señales. Una forma muy simple de mostrar que estamos escuchando es usar las mismas palabras de nuestro interlocutor, por ejemplo en preguntas. Si nos dicen: “No le encuentro sentido a mi vida”, podemos preguntar: “¿Desde cuándo te pasa esto de que no le encontrás sentido a tu vida?” La pregunta oportuna y la repetición casi textual le darán una señal a nuestro interlocutor de que escuchamos lo que nos dijo.

La pregunta es nuestra principal herramienta en la asistencia a personas en crisis o con pensamientos suicidas.

 

Reflejar pensamientos

 

Un paso más para que nuestro interlocutor se sienta escuchado, sería mostrarle que además de escuchar sus palabras, entendemos sus ideas. Hay varias formas de mostrar esto: hacer un resumen de sus dichos, una reflexión, un pedido de explicaciones adicionales o la confrontación de una aparente contradicción.

Por ejemplo: “Me dijiste que nunca te llevaste bien con tu ex, pero antes dijiste que cuando se casaron estaban enamorados. ¿Cómo es eso?”.

 

Mostrar interés por el pensamiento del otro hace que se sienta escuchado y comprendido. 

 

Reflejar emociones

 

Para que una persona se sienta realmente escuchada debe poder percibir que, además de escuchar sus palabras y entender sus pensamientos somos capaces de comprender su sufrimiento. Esa capacidad tan humana que llamamos empatía nos permite captar, por el tono o la cadencia del discurso, por los gestos, o por otros signos no verbales, cómo se siente nuestro interlocutor.

Sin embargo, para que la empatía realmente funcione, tiene que ser un camino de ida y vuelta. Nuestro interlocutor debe saber que lo que está sintiendo nos llega y nos importa, que podemos ponernos en sus zapatos o que al menos lo intentamos. Emparejar el tono de voz con quien nos habla, los gestos o la postura corporal pueden ayudar a este fin.

Para que no queden dudas, es muy efectivo decirlo claramente: “Me parece terrible lo que me estás contando”; o bien: “Ni siquiera me puedo imaginar cómo te debes estar sintiendo”. El intercambio que se da en el plano emocional es la parte más importante de la comunicación con una persona en crisis o con pensamientos suicidas; y es lo que, en definitiva, hace que el otro se sienta realmente escuchado.

Solo cuando el otro comprende que entendemos lo que siente y compartimos algo de su dolor, la comunicación es completa.

 

Invitar a continuar

 

La técnica de la Escucha Activa permite a las personas sentirse escuchadas, pero, además, permite a quién escucha conocer realmente a su interlocutor, tanto en el plano conceptual como en el plano emocional. Las habilidades descriptas hasta aquí hacen posible que esto suceda. Se trata de crear un ambiente ameno, hospitalario y seguro.

Aún así, sabemos que hay ciertos temas de los que resulta particularmente difícil hablar, por eso ciertas intervenciones resultan de utilidad para mejorar aún más el clima de la charla. A este tipo de intervenciones las llamamos “Invitaciones a continuar”. Pueden ser preguntas abiertas del tipo: “¿Qué te anda pasando?”; o invitaciones directas como: “Contame más sobre eso”.

Este tipo de intervenciones hace que nuestro interlocutor sienta que su discurso no molesta y que, por el contrario, estamos interesados en lo que tiene para decir y en lo que le está pasando.

Una escucha hospitalaria debe sentirse como una invitación a contar lo que nos pasa y cómo nos sentimos al respecto.

 

Una reflexión final

 

Asistir a una persona en crisis o con pensamientos suicidas puede sumirnos en la impotencia. No sabemos qué decir, mucho menos cómo resolver sus problemas. Sin embargo, no se trata de decir ni de resolver. Lo que esa persona necesita en primera instancia es ser escuchada.

La escucha genuina, profunda y generosa es como un oasis en el desierto, como recargar baterías para quién siente que ya no tiene más energía. Lo que la escucha repara es el vínculo con el mundo, le devuelve al sujeto el sentido de pertenencia a la humanidad y le provee herramientas para que encuentre el sentido de su propia vida.

Sabemos que la escucha no lo resuelve todo, pero es el comienzo de un camino, un primer paso necesario.

Ver también:

 

Asistencia a Personas en Crisis o con Pensamientos Suicidas

Principios de Comunicación en la Prevención del Suicidio

Puentes en la Comunicación para la Prevención del Suicidio

Barreras en la Comunicación para la Prevención del Suicidio

Cómo Hablar sobre el tema del Suicidio

Qué NO decir al Hablar sobre Suicidio

Cómo Orientar a una Persona con Pensamientos Suicidas

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