Conducta Suicida: Señales de Advertencia Más Sutiles
 

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En la página Conducta Suicida - Señales de Advertencia Más Evidentes, nos referimos a esas conductas que muestran con claridad la presencia de  pensamientos suicidas. Sin embargo, la mayoría de las personas que llegan al suicidio no muestran estas señales tan claras, o las muestran cuando ya es demasiado tarde. Por eso, debemos prestar más atención y estar preparados para reconocer señales mucho más sutiles y actuar en consecuencia. Sin embargo, estas señales suelen ser ambiguas: podrían presentarse sin que exista un pensamiento suicida subyacente o podrían ocultarse muy bien al punto de no reconocerse. La mejor estrategia para prevenir el suicidio es promover el diálogo y la confianza mutua con nuestros seres queridos siempre. De todos modos, conocer las señales de advertencia más sutiles de la conducta suicida nos permite estar más atentos cuando el riesgo es mayor.

 

Frases ambiguas que podrían interpretarse como confesiones de planes suicidas

 

Las personas con pensamientos suicidas se encuentran frente a un dilema: por un lado sienten la necesidad de contar lo que les pasa o pedir ayuda; y por otro sienten vergüenza por sus pensamientos, o bien temen preocupar a otros hablando del tema. Es frecuente que este dilema se resuelva con frases ambiguas como una forma de contar sin contar realmente, ya sea para liberar un sentimiento que mantenían encerrado o para tantear la receptividad del otro a un pedido de ayuda.

 

Las personas con pensamientos suicidas podrían decir: “¿Cuándo se terminará todo esto?”, “¡Qué ganas de irme lejos y no volver nunca más!”, “En verdad, la vida es una basura”, “A veces no tengo ganas de seguir”, o frases por el estilo. Todas ellas tienen significados ambiguos o al menos poco claros. Tomando como ejemplo la última expresión podríamos preguntar: “¿Seguir con qué?”, “¿Qué sería no seguir?”, “¿En qué ocasiones no tenés ganas de seguir?”. La frase en sí podría expresar un pensamiento suicida, desgano o tan solo cansancio por alguna situación. Solo podremos saberlo haciendo este tipo de preguntas e invitando a seguir hablando sobre el asunto. Ver La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio y Asistencia a Personas en Crisis o con Pensamientos Suicidas

Angustia, tristeza, enojo u otra manifestación de emociones negativas

 

Si intentamos imaginar a una persona con pensamientos suicidas seguramente pensaremos en un rostro triste o angustiado, una postura abatida y movimientos lentos en señal de desgano. Las personas reales con pensamientos suicidas algunas veces se ajustan a este prototipo y otras no. Muchas personas ocultan estos síntomas, algunas veces por vergüenza y  otras como un intento de negar los propios sentimientos. Una persona con pensamientos suicidas podría verse incluso alegre, divertida y muy activa. Sin embargo, prestar atención a las manifestaciones de emociones negativas podría darnos un indicio de que algo está pasando. No sabremos si quien las expresa tiene pensamientos suicidas o solo un mal día, pero la pregunta “Te noto mal, ¿te pasa algo?” nunca está demás. Como mínimo el otro sabrá que lo que le pasa o lo que siente nos importa, y es posible que la pregunta sea el comienzo de una charla más profunda.

 

Otros síntomas de angustia o depresión son más difíciles de reconocer e incluso pueden parecer contradictorios. Trabajar muy poco o demasiado, dormir muy poco o demasiado, divertirse muy poco o demasiado, comer muy poco o demasiado. En general cualquier cambio de conducta o de actitud debería llamarnos la atención. La pregunta “¿Te pasa algo?” siempre aplica y es conveniente hacerla.

 

Manifestaciones de pérdida de la autoestima

 

Otra característica casi universal de las personas que piensan en el suicidio es que se valoran muy poco a sí mismas. Esta falta de valoración, aceptación o estima suele reflejarse en su discurso de diferentes maneras. La más común es que directamente hablen de sí mismas con dureza, por ejemplo se critiquen por sus errores con frases tales como “siempre me pasa lo mismo”, “nunca voy a aprender”, “no sirvo para nada”, etc. Incluso cuando algo malo sucede por causas externas suelen auto-inculparse diciendo: “nada me sale bien”, “todo lo malo me pasa a mí'' o cosas por el estilo. 

 

Estas personas suelen ser inseguras a la hora de aceptar desafíos y exageradamente modestas al recibir elogios. Sin embargo, la baja autoestima también puede adoptar formas paradójicas como una excesiva preocupación por agradar o quedar bien o una exhibición constante de los propios logros o virtudes.

 

La falta de autoestima es lamentablemente muy frecuente y no siempre se relaciona con pensamientos suicidas, pero cuando estas manifestaciones aparecen repentinamente o se incrementan es señal de que algo está pasando. Aún así, estos cambios tampoco indican necesariamente que exista pensamiento suicida pero, preventivamente, deben ser atendidos. La recomendación general de brindar escucha y contención a estas personas sigue siendo válida, pero también, la valoración sincera de sus aspectos positivos  suele ser muy efectiva.

Acciones a las que no le encontramos lógica y podrían indicar un plan suicida

 

Un plan suicida podría ser muy básico pero, en ocasiones, la persona que lo elabora piensa en detalles que involucran a otras personas. Por ejemplo: ¿Quién cuidará de las mascotas?, ¿Quién conservará los objetos más preciados o con valor sentimental?, ¿Cómo se repartirá la herencia?, ¿Quién atenderá los negocios?, o cuestiones así. Por más que el suicida intente mantener su plan en secreto, este tipo de preocupaciones lo obligan a realizar acciones que, vistas desde afuera y sin conocer sus planes, parecen ilógicas: Pedirle a alguien que “si algo le llegara a pasar” se ocupe de su perro, regalar objetos muy preciados sin un motivo real para hacerlo, etc. Desde ya que, como también sucede con otras señales de advertencia sutiles de la conducta suicida, este tipo de acciones tampoco son indicadores unívocos. El hecho de que una persona redacte un testamento siendo aún joven y no estando enferma, o regale el reloj que le dejó su padre, no significa necesariamente que esté pensando en el suicidio; sin embargo, una charla sobre el tema podría esclarecer estas cuestiones y, además, hacerle saber al otro que su bienestar nos importa.

 

Descuido de la salud, el cuidado personal o los proyectos

 

La vida normal y cotidiana de la mayoría de las personas es un esfuerzo constante por estar mejor en diferentes aspectos. Cuidamos de nuestra salud, intentamos preservar nuestras amistades y mejorar nuestro entorno social, velamos por nuestros intereses, tratamos de mejorar nuestro aspecto y hacemos cosas para mejorar nuestro estado de ánimo. Este estado de permanente lucha que mantiene el individuo contra la adversidad es un signo de salud mental. Asimismo, cuando el individuo da señales de haber dejado de luchar en alguno o varios de estos aspectos, cuando notamos que se rinde o renuncia a estar mejor, debería llamarnos la atención. Las Etapas Avanzadas del Proceso Suicida conforman un período de sucesivos renunciamientos. Algunas veces son notorios y otras veces muy sutiles. Las personas con pensamientos suicidas avanzados suelen descuidar su economía, sus relaciones, su salud y su aspecto. Por supuesto que estas señales tampoco son unívocas. Todos pasamos por etapas en que por depresión, cansancio o sobrecarga de problemas descuidamos una o varias de estas cuestiones. Sin embargo, aunque este fuera el caso, el cuidado que nos debemos unos a otros con nuestros seres queridos o contactos cercanos también implica preguntar: “Noté esto, ¿te pasa algo?”

 

Apatía y descuido de las relaciones personales

 

Este aspecto es parte del anterior, pero lo mencionamos por separado porque actuar sobre él es más difícil y menos frecuente. Como familiares, amigos, o personas cercanas podemos ser bastante objetivos cuando la persona que queremos descuida su salud, sus finanzas o su aspecto personal; también cuando descuida su relación con otras personas. ¿Qué pasa cuando se muestra apático, distante o conflictivo con nosotros mismos? Este caso es mucho más difícil, por eso debemos hacer un esfuerzo extra por dejar de lado los enojos momentáneos, recurrir a nuestros sentimientos más profundos y así  ver su comportamiento como un síntoma de algo que le está pasando a él o a ella, no como algo contra nosotros. Sólo desde ese lugar es posible el acercamiento para hacer la pregunta que el otro está necesitando: “¿Qué te está pasando?”.

 

Debemos considerar que el alejamiento de los seres queridos es uno de los síntomas más frecuentes en personas que llegan a cometer suicidio. Las personas con pensamientos suicidas persistentes se van distanciando paulatinamente del mundo y llegan al convencimiento de que a nadie le importa lo que les está pasando. Desde esa premisa analizan la realidad. Progresivamente van ignorando las manifestaciones de afecto e interpretando todo como un desplante o agresión. Llegan a volverse apáticos y mostrarse insensibles, como si nada ni nadie les importara, o incluso agresivos. Aún los más extrovertidos y sociables, que podrían seguir siéndolo, actúan como siguiendo un guion, sin sentir realmente pertenencia. Podría llegar a ser muy incómodo estar con estas personas. Nuestra primera reacción suele ser alejarnos, y eso realimenta su presunción de que a nadie le importa lo que sienten. Traspasar esta muralla autoimpuesta requiere de un esfuerzo particular para familiares y amigos. El primer paso es recordar que nuestro familiar o amigo no es así, reconocer que algo le pasa y que todas estas manifestaciones que llevan al alejamiento son solo síntomas de eso que le está pasando. Solo así podremos sostener la presencia, seguir mostrando afecto y preocupación sin resultar invasivos y, de a poco, ir demostrándole que no está solo, que sí nos importa su sufrimiento y estamos dispuestos a acompañarlo.

Relevancia de las señales de advertencia de la conducta suicida

 

Los expertos nos dicen que todo suicidio es precedido por señales de advertencia. Esta opinión contrasta con el testimonio de familiares, amigos o contactos cercanos de personas que terminaron su vida a causa de suicidio. Muchos de ellos declaran que no había nada en el comportamiento previo del difunto que hiciera sospechar que algo estaba mal y mucho menos que les hiciera saber que su ser querido estuviese pensando en el suicidio. 

 

Seguramente ambos están en lo cierto: Cuando se pueden ver los hechos desde afuera, a posteriori y ordenados bajo el rigor de un esquema teórico, las señales aparecen. Es muy distinto convivir o frecuentar con una persona con pensamientos suicidas. La familiaridad, y muchas veces también la negación que es producto de nuestros sentimientos hacia la persona afectada, nos hacen ver las cosas de otra manera.  Las señales de advertencia más sutiles mencionadas en esta página, e incluso las señales de advertencia más claras mencionadas en Conducta Suicida - Señales de Advertencia más Evidentes, pueden pasar desapercibidas. Podría suceder, y de hecho sucede, que un ser querido diga con todas las letras: “Me voy a suicidar” y no le demos importancia. Los familiares y amigos de personas que murieron por suicidio y sienten culpa por no haber advertido señales de advertencia deben saber que estas cosas pasan y son, justamente, consecuencia de la familiaridad y el amor que nos lleva a la negación.

 

Por otra parte, también es cierto que las señales de advertencia sutiles mencionadas aquí, y también algunas de las señales de advertencia más evidentes, no son unívocas. Su presencia no indica con seguridad que el sujeto esté pensando en el suicidio o tenga fantasías de muerte. La pregunta que surge entonces es: ¿Para qué sirve conocer las señales de advertencia de la conducta suicida? La respuesta a esta pregunta está en el concepto mismo de prevención. Prevenir no es, en general, asegurarnos de que algo malo no suceda sino reducir el riesgo. Por ejemplo, cada vez que subo a un auto me abrocho el cinturón de seguridad, no es porque espere tener un accidente ese mismo día, en general eso no ocurre. Pero sé que en caso de que ocurra reduciré el riesgo de sufrir lesiones graves. También se que en un accidente muy grave no alcanzará con el cinturón de seguridad . Aún así el uso del cinturón y otras prácticas de seguridad vial salvan miles de vidas cada año, aunque no todas; por eso lo sigo usando. 

 

El suicidio, por su magnitud, es un riesgo comparable con los accidentes de tránsito: también mata a miles de personas cada año en nuestro país. Si tomamos tantas precauciones para prevenir los accidentes de transito no está mal tomarlas también para prevenir el suicidio. Siguiendo con el paralelismo, ignorar las señales de advertencia de la conducta suicida sería como ignorar las señales de tránsito. Es posible que podamos hacerlo una o varias veces sin que haya consecuencias, pero debemos saber que el riesgo de suicidio para nuestros seres queridos y contactos cercanos será mayor. Si en cambio prestamos más atención a quienes nos rodean, nos preocupamos por lo que sienten y lo que les pasa, estamos cerca para acompañar y aprendemos a escuchar, no solo estaremos colaborando con la prevención del suicidio sino que estaremos mejorando nuestras relaciones y entre todos construyendo un mundo mejor para vivir.

 

Ver también:

 

Primeros Pasos para Prevenir el Suicidio

 

Asistencia a Personas en Crisis o con Pensamientos Suicidas

 

La Escucha Activa en la Prevención del Suicidio