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  • Escenarios Saludables

Vacaciones en una “Montaña Rusa”

Autora Anónima


En enero del 2020 recibo la propuesta de irme de vacaciones a la costa con un amigo y sus padres. Hacía unos días había vuelto de las Cataratas del Iguazú, donde había ido con mi pareja.


El día que llegamos, una felicidad extrema me irradiaba; pero un episodio se venía asomando. No recuerdo bien la secuencia ya que la enfermedad que tengo, una de las consecuencias que me dejó fue el daño cognitivo en mi mente y no se puede remediar. Siempre o casi, me olvido las cosas.


Al segundo día la manía iba en aumento, pero a la vez me aislaba, dormía mucho o no quería salir de noche. Me olvide de contar: soy bipolar tipo 1 con episodios mixtos. Me decían: venís de vacaciones y te la pasás durmiendo o no querés salir. Y esos comentarios me herían aun mas, sin saber que me pasaba; no encontraba explicación, veía a los demás felices y yo por momentos no sabía porque me sentía así.


Al cuarto día me levante con mucha energía, agarre mis cosas y decidí irme a San Clemente del Tuyu en colectivo a comprar una copa menstrual. Ese día con muchísimo calor decido volver caminando por la playa de San Clemente del Tuyu a La Lucila del Mar, a lo cual me volvieron a mirar como que estaba actuando rara o loca. Mis pies se habían ampollados todos, no sentía dolor, ni calor, camine en total 37 km en aproximadamente 50 minutos. Así y todo seguía teniendo mucha energía. Ese día si tuve ganas de salir a la noche a tomar una cerveza y pasear. Lo que no sabía que cuando te subís al pico de una montaña rusa, después la caía duele tanto que te deja sin respirar.


Al sexto día me levante con mi ánimo por el piso, pero así y todo fui a la playa tratando de tapar mi depresión. Se sumaron otros miembros de la familia a pasar el día. Me empecé aislar aun mas; cuando todos estábamos almorzando, casi ni comí y me fui a la habitación sin saber que me pasaba. Un vacío era lo que sentía y quería desaparecer del mapa. La angustia iba aumentando cada vez más y más, todos se fueron a la playa y me quede sola con mi depresión y comencé a llorar y a llorar.

Llame a Leo, mi pareja. A la distancia, necesitaba encontrar ese abrazo que solamente él sabe darme. Es él quien me acompaño en muchos de mis episodios, y por eso me sentía en confianza de contarle lo que me pasaba ya que sabría que me entendería. Por teléfono comencé a llorar y a llorar. Era una angustia difícil de describir; no me sentía feliz estando de vacaciones en un lugar lindo donde cualquiera en mi lugar quería estar. Sentía que mi vida no tenía sentido, que esa depresión me quitaba las ganas de disfrutar y vivir.


Esa tarde, cuando colgué el teléfono, en mi mente pensaba en no vivir más y ahogarme en el mar con mi dolor. Así me despedí del mar. Esa misma tarde le dije a mi amigo lo que me estaba pasando pero nadie me entendía solamente quien lo vive sabe lo que se siente. Así emprendí la vuelta…


Pero, paso… Hoy en día al saber sobre esta enfermedad puedo aprender a controlar los episodios, si debo aumentar la dosis o no… Estoy eternamente agradecida a la ciencia, a la medicina, a los psicofármacos, y al excelente psiquiatra que tengo porque además de ser muy humano también es un buen profesional. Y también agradezco a la terapia que me ayudan a poder sobrellevar la vida…


Así que estoy tranquila que mi mente está en buenas manos. Y aunque sé que es una enfermedad crónica, también aprendí que se puede hacer una vida lo más normal posible o casi.

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