• autora anónima

Un largo camino hasta el tratamiento adecuado


La vida es algo tan lindo y tan complicado a la vez, ¿Por qué decidimos terminarla? ¿Por qué tenemos tantas dudas en cuanto a eso? Todos pasamos por momentos tan difíciles como para pensar en acabar con nuestra vida. Por ejemplo, te voy a contar por qué yo decidí que tenía que terminar con la mía.


Mis papás se separaron cuando yo nací. Mi papá era drogadicto, nunca estaba en casa y no se hacía cargo de mí. Mi mamá trabajaba todo el día para darme de comer. Me criaron mis abuelos. No sé bien cómo fue mi infancia, no tengo tantos recuerdos. Solo sé que no la pase bien. Mi viejo ni pelota. Me peleaba con mi mamá todos los días. Todos esos años la pasé muy mal, aprendí a estar sola y me golpeé muy duro la cabeza tratando de asimilar las cosas cómo eran. ¿Qué hace una criatura en esa situación? Mi vieja diciéndome cosas horribles. Mi papá, ausente. No tenía consuelo en ningún lado. Estaba perdida. No sabía qué hacer. Entonces me di cuenta de que algo no estaba bien en mí. Pero, claro, era una nena. No entendía lo que estaba pasando. ¿Qué era ese sentimiento de no querer estar más? Era una locura.


Llegó la pre-adolescencia, una edad muy difícil en la vida de todos. De repente es como si te dieran una cachetada de realidad. Te replanteas absolutamente todo y entendés muchas cosas. Me empecé a autolesionar. Las peleas en casa se volvían peores. En el colegio me empezó a ir super mal. Tuve mi primer novio que me rompió el corazón. Autoestima baja, inseguridades, ataques de pánico, cosas horribles. Qué cosa la adolescencia, es tan complicada pero tan necesaria a la vez. Tenemos que aprender de alguna manera las cosas. Ojalá no siempre sean cosas malas pero eso te hace más fuerte, ¿sabes?


Entonces me di cuenta lo que era querer morirse, querer desaparecer, la duda de qué harían los demás si algún día desapareciera, las ganas de no sentir nada más, de no sentir más dolor, ganas de un poco de tranquilidad. ¿Qué pensás en ese momento? Que estas loca, que es totalmente una locura lo que se te esta pasando por la cabeza y que no tendrías que tener esas ideas. Pero después te das cuenta que no es pasajero, que es una necesidad, que es fuerte y tan difícil de entender. Recurrí a un psicólogo a los nueve o diez años, más o menos. Mi mamá dejó de llevarme al tiempo. Recién a los dieciséis años empecé con otro hasta el día de hoy. Tengo diecisiete años, sigo con la misma y me ayuda mucho. A fines del 2020 empecé a medicarme sola con pastillas para dormir. Cada vez que me sentía mal iba y agarraba pastillas hasta que me hacían efecto y me iba a dormir. Así combatía el dolor. Era satisfactorio para mi.


Unos meses después fui a mi primera consulta con un psiquiatra porque, lamentablemente, el tratamiento psicológico no era suficiente. Necesitaba algo más. La psiquiatra que me atendió me hizo una sola pregunta: ¿pensaste en quitarte la vida? Le mentí, le dije que nunca y era algo que yo venía pensando hace años. Le conté de mi situación evadiendo ese tema, me medicó con un antidepresivos y me fui del consultorio. Era todo nuevo para mi. Obviamente no entendía lo que estaba pasando pero tuve que aceptar el tratamiento al pie de la letra y hacer lo que me indicaron. Al mes decidí que no estaba conforme con la psiquiatra que me atendió y que tenía la necesidad de consultar con otra persona.


Ahí llegué a otro psiquiatra que me modificó la medicación. No me hizo ninguna pregunta al respecto y me fui del consultorio. Al tiempo empecé a romper con el tratamiento y tomar pastillas de más. Vivía todo el día empastillada y no me importaba absolutamente nada. Nadie sabía lo que yo hacía o de mi situación. Estaba sola o tenía amigos muy superficiales. Se volvió una adicción, una dependencia a eso y si no lo tenía sentía que me volvía loca. Necesitaba estar medicada todo el tiempo. Esto siguió así hasta que un día tuve que decirle a la psicóloga lo que estaba haciendo. Todo ese tiempo estuve mintiendo sobre mi situación. No sabía qué hacer. Sabía que iba a hablar con mi vieja y tendría que dejar de hacer lo que estaba haciendo. A mi no me gustaba la idea de dejar de tomar pastillas. Dependía de eso para estar bien o, mejor dicho, sobrellevar las cosas de una mejor manera.


Como decía, tuve que contarle y, dicho y hecho, ella le comentó a mi vieja lo que yo estaba haciendo. Ahí se cortó todo, mi vieja empezó a esconderme las pastillas y a dármelas ella. Pero yo no había aprendido nada. Cada vez que ella me daba una pastilla yo la escondía hasta que tenía varias y me las tomaba todas juntas. Así sucesivamente (esta mal, no lo hagan).


Todo siguió así hasta que el 2 abril del 2021, me quise suicidar tomando varias pastillas. Estaba sola en mi casa y tuve el impulso de hacerlo. Salió mal. Mi familia me encontró inconsciente en mi habitación y fui de urgencia a la guardia del hospital. Me hicieron un lavado de estómago y después de unas horas pude estar en mi casa. Me despertaba de a ratos pero no tengo muchos recuerdos del hospital. Creo que por eso siento que no fue tan insoportable el proceso.


Después de eso me llevaron a otro psiquiatra que le habían recomendado a mi vieja. Cuando llegué a su consultorio me miró 15 minutos mientras yo le contaba lo que había hecho y por qué. Me escuchó y me analizó bastante. Con eso pudo saber todo lo que me estaba pasando y diagnosticarme. Yo no le había contado mucho porque ya había tenido malas experiencias con otros terapeutas y ya no tenía esperanzas de encontrar uno más o menos zafable. Pero me sorprendió lo bien que hace su trabajo y las cosas que me decía. Me di cuenta que estaba en frente de alguien increíble. Parecía que me conocía de toda la vida. Tuve una charla de 40 minutos muy satisfactoria y volví contenta a mi casa. Sentí que había empezado una nueva etapa y me fui con esperanzas de su consultorio


Sin embargo… No aprendí nada, seguía con las voces en mi cabeza que me decían “matate, no aprendiste nada”, el 11 de mayo a la noche volví a hacer lo mismo pero con más pastillas, estaba en llamada con alguien y le tuve que cortar porque no me sentía bien. Había tomado demasiadas pastillas, recuerdo haberle dicho que tenía mucho sueño, “anda a dormir” me dijo, “si me duermo mañana no me despierto” le contesté.


En mi casa hay una escalera. Yo tengo mi habitación en la parte de arriba. Mi vieja me escuchó desde su pieza cuando bajé. Estaba tan mareada que no recuerdo qué hice. Ella me preguntó qué estaba haciendo y le pedí que subiera a mi habitación. Le mostré todos los blister de pastillas que me había tomado, de ahí en más no recuerdo lo que pasó. Mi mamá de nuevo me llevó al hospital. Recuerdo estar en una camilla llena de sangre mía. No me podían inmovilizar. No hacía caso. No podía estar tranquila. Tengo flashes de lo que pasó: me dijeron que deliraba y decía cualquier cosa. La pasé muy mal. Recuerdo querer levantarme de la cama, sacarme todo e irme a mi casa. No podía, lloraba de la bronca. No recuerdo cómo volví a mi casa. Creo que estuve 8 horas en el hospital. Me hicieron otro lavado de estómago por todas las pastillas que había tomado. Dormí muchas horas. Cuando desperté todavía seguía delirando. Había muchas personas rodeándome en la habitación preguntándome cómo estaba. Yo no entendía nada y un momento después me volví a dormir. Al otro día me desperté y no tenía celular. Todavía tenía personas rodeándome preocupadas por cómo estaba. No entendía nada de lo que estaba pasando, estaba agotada.


Estuve así como dos días hasta que pude recuperarme, me dieron el celular y tenía muchos mensajes. Personas que hablaban conmigo se enteraron de la situación y me escribieron. Muy por encima les fui contando a cada una. Me prohibieron salir de mi casa porque estaba “en capilla” diría mi psiquiatra, y estaba muy sensible con toda la situación que había pasado. Casi me internan porque pensaron que era algo que sobrepasaba a mi psicóloga y psiquiatra. Creyeron que era lo mejor, yo lloraba porque no quería terminar en un psiquiátrico. Le pedí a mi psiquiatra que me diera otra oportunidad, que no lo iba a hacer más. El accedió, y hasta el día de hoy sigo el tratamiento y tuve una mejoría. Fue lo mejor que me pasó. Si no me hubiera cruzado con él no se donde estaría hoy.


Así se dieron las cosas, tuve un montón de experiencias y emociones con diecisiete años. Muy malas en verdad. Pero, ¿saben que?: aprendí y estoy en mi tratamiento con una mejoría. Sigo medicada pero menos que antes y agradezco mucho eso. Me está yendo bien en el colegio, estoy haciendo amigos nuevos, estoy cada día un poco mejor y feliz de mi progreso. Todo lo que pasé fue para que aprenda que las cosas no son fáciles. Hay que luchar por nuestro bienestar, todos los días se puede un poco más. Si estás pensando en hacer algo parecido, pedí ayuda, no estás solo. Vas a poder lograr muchas cosas si tomas la decisión de quedarte. Hablá, hace ruido, no te quedes callado, siempre se puede encontrar una solución.