• autora anónima

POR CONFIAR, SALVÉ MÍ VIDA.

Autora anónima.

Esto es lo que le sucedió a una familia, que logró escapar del incendio de su casa; cuando salen de ella, se dieron cuenta que el hijo pequeño había quedado atrapado entre el humo y el fuego. Cuando el padre mira hacia arriba, ve los pies del pequeño en la ventana. Desesperado le grita: “Agustín, tírate; ¡Agustín tírate!! “. El nene no veía a su papá, solo escuchaba la voz. Y sin saber a dónde caería, se tiró y salvó su vida.


Esta historia, me la contó mi psiquiatra, el primer día de la consulta. Y fue por eso, que a pesar de los miedos que me rodeaban, supe que algo tenía que hacer para salir de esa terrible depresión que me estaba destruyendo.


Fueron los peores 8 meses que viví en mi vida, sin contar los años previos, que sumaron poco a poco: angustia, dolor físico, etc., por distintas situaciones.

Es difícil explicar, los sentimientos terribles que invaden a alguien que atraviesa ésta enfermedad. Después de una larga charla mi psiquiatra me dijo que tenía que estabilizar mis emociones, que tenía bipolaridad, y que con un tratamiento podía mejorar. Tal vez parezca contradictorio decir que tenía terror a morir, y a la vez pensaba muchas veces en suicidarme.


Mi dolor físico llegó a colapsarme y la depresión era un monstruo gigante en mi vida; estaba desesperada, quería que llegue la noche y dormir, porque era el único momento que menguaba mi angustia y mi dolor.

Mi pelo se caía a mechones, perdí peso y casi no me reconocía en el espejo. Al despertar sentía que desde los pies me subía una angustia insoportable; verdaderamente, quería que todo acabara.


Hoy recuerdo esos momentos y no entiendo cómo soporte tanto, antes de empezar con el tratamiento. No importa de qué forma expliques lo que se siente, solo el que lo vive, puede comprenderlo.


Poco a poco algo fue cambiando, y empezó, lo que sería, mi recuperación. La angustia parecía que se aplacaba, y los dolores físicos también. Confiar, en qué saldría de ese pozo oscuro, me ayudaba.


Gracias a mi psiquiatra, a mí familia, a mi mamá, mi esposo, mis hijos, tuve el valor de aguantar, y, sobre todo, el deseo desesperado de dejar de sentirme tan mal.

Fueron momentos muy duros, mis emociones estaban verdaderamente desequilibradas.


Pude recuperar mis ganas de vivir y mis actividades. Aprendí a manejar, y entre otras cosas, volver a proyectar, cosa que estaba MUY lejos en esos momentos.

No sé hasta cuándo tendré que continuar éste tratamiento, solo se, que no quiero volver a caer.

Y al igual que Agustín, puedo decir, que "me tiré", sin saber qué pasaría, y por confiar, salvé mí vida.