• autora anónima

La importancia de un diagnóstico correcto en salud mental


Hoy es el cumpleaños de mi hijo mayor quien me acompaña desde mis 25 años. Me enteré de su existencia con un desmayo manejando una moto. Le avisé al padre que tendría otro hijo, él ya tenía otros anteriores al mío. Lo negó y quiso que no lo tuviera. Yo seguí igual y me convertí en madre de un hermoso varón. Por él comencé a hacer terapia. Después de un tiempo mi psicóloga me derivó al psiquiatra.

Afuera de mi casa yo era dulce y buena, pero puertas adentro era un pequeño monstruo, muy exigente y perfeccionista con mi único hijo. Expresaba mi descontento a donde fuera. Tenía muchos arrebatos y no tenía ningún drama de exponerme ante los demás “imponiendo justicia”. Él, en cambio, era dócil y tolerante. ¡Pobre mi hijo!


Mis empleadas me tenían terror. Siempre tuve dos trabajos. Así cubría mis gastos de colegio, empleada y alquiler. Las niñeras que tuvo mi hijo eran de todas las nacionalidades y edades. Intenté juntarme pero mis relaciones fueron muy desastrosas.

En plena pandemia me separé y alquilamos con mi hijo mayor. Había sido mi cuarta relación y la psicopedagoga de otro de mis hijos me dijo: “Tiene muy naturalizado el maltrato psicológico de tu pareja. Y eso no depende de mí, es tu responsabilidad”


El psiquiatra que me diagnosticó por primera vez dijo que tenía histeroepilepsia y me recetó antidepresivos y ansiolíticos. Continué con el tratamiento pero al ver que me sentía bien abandoné. Comencé un nuevo tratamiento y terapia. Más antidepresivos y ansiolíticos.


Cada vez que retomaba el tratamiento era porque había caído en una internación. Entonces decidí ver a un reconocido profesional al que conocía por una vecina y los abuelos de mis nenes más chicos.


Me entrevistó con una charla amena. Luego de mis recorridas por los consultorios de mi obra social donde cambiaban de psiquiatra cada 3 o 4 meses fue algo liberador. Estaba dispuesta a escuchar mi verdadero diagnóstico.


Después de escuchar mi venturosa vida para conocerme y saber dónde ajustar las clavijas me dijo: “Tu diagnóstico es bipolaridad”. Me describió como si me hubiera estado espiando desde siempre y luego dijo: “Bien de libro”, y sonrió.


Yo siempre sospeché que no estaba bien medicada porque tenía síntomas cada vez que me cambiaban los medicamentos. Ese psiquiatra me medicó y me citó a los 15 días. Así volví a una cordura que no sabía que tenía. A los tres meses mi hijo me dijo: “Mamá, ese doctor hizo un milagro.


Después de casi 23 años mal medicada encontré la paz. Tengo mis ataques pero nada que ver cómo cuando estaba con otros tratamientos.


Si ves que no estás bien con la medicación que tomas andá y hacé otra consulta te mereces otra oportunidad.

 

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