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Esta es mi historia…

Autor: Matías Canepa


Hace unos días me llamaron para que cuente mi historia, mi respuesta fue un si inmediato, aunque hasta ahí no había reparado en que realmente tuve un pasado tan duro y no siempre se sale de una situación como esta, por lo menos de la manera que yo lo hice.


Alla por el año 1990, mi familia se conformaba por mi hermano menor de 5 años, una hermana de 9, otra hermana de 18 y yo un adolescente rebelde de 19, un padre de 44 que se perfilaba como empresario exitoso, si bien hasta ese momento vivíamos como la mayoría de la clase media de la Argentina y mi mama Alicia que se había retirado de la docencia, donde había llegado a cumplir su sueño de ser directora del jardín de infantes.

Me acuerdo que se las arreglaba para todo en aquel momento: los pañales se lavaban a mano, cocinaba, se iba a trabajar en colectivo y siempre tenía tiempo para leernos cuentos, mimarnos y estar en todos los detalles, para que no nos falte absolutamente nada.


Un día, quien sabe por qué, algo en su cabeza cambio; cayó en un pozo depresivo que yo, con 19 años y mis hermanos lo tomamos con naturalidad, ya que ella se esforzaba para que nuestra vida siga con naturalidad. Empezó psicología en la UBA, yo creo que para entender que le estaba pasando; concurría a una psicóloga y a un psiquiatra, pero los tratamientos en aquel momento no dieron el mejor de los resultados, viéndolo con la perspectiva de hoy que tengo 50 años, las herramientas eran muchísimas menos de las que tenemos hoy, porque en esa época era un tema tabú para la sociedad y paralelamente los profesionales no estaban especializados en depresión y suicidio.

Lo que sigue de mi historia no es muy feliz ya que un día decidió quitarse la vida, lamentablemente con éxito.

Con instinto de supervivencia mis hermanas se cuidan entre ellas, crean un vínculo fuerte, mi hermano menor y yo armamos otro, y mi viejo se refugia en el trabajo que se convierte en su obsesión. Acá cometemos el error más grande y común que puede cometer una familia cuando sucede un episodio como este, cerramos las ventanas y fingimos que no había pasado nada, pero cada uno lo sufría por su lado, en silencio.


Nadie nos comentó de ningún tratamiento psicológico, de cómo podíamos curar una parte de las heridas, las tapamos con éxitos sociales, de la puerta para afuera y yo en lo personal con alcohol e ira.

El silencio fue tan grande que 10 años después mis hermanos no sabían que había pasado con su mamá; creo que eso dejó una herida aun abierta.


Mi padre se casa y se agranda la familia nace una hermana hermosa, siguen los éxitos laborales y ya las 8 horas de trabajo diario no alcanzaban, su cabeza necesitaba distraerse de la realidad; el trabajo se trasladó a la mesa de casa, a sus noches desveladas. Las voces del entorno que quería ayudarlo no eran escuchadas, solo escuchaba lo que él quería. Al triste episodio sin sanar, le sumo stress, insomnio, alcohol, automedicación, pudiendo pedir ayuda en buenos profesionales; el nunca siguió ningún tratamiento.


La mayoría pensamos que una persona exitosa no tiene problemas, que la plata compra la felicidad, la salud, todo,… es la mentira más grande que he escuchado.

Un domingo primero de enero, fue para su oficina y termina con su vida, algo que para mí venía planificando en silencio sin que nadie sospeche nada, ya que además de ser un exitoso, era alegre, contaba chistes permanentemente, ayudaba a todo el mundo, parecía lleno de vida; pero él vivía su calvario en silencio y sin buscar ayuda.


Unas semanas después me cuentan sobre una profesional que viene especializándose en suicidios y ayuda al familiar del suicida. Conocerla fue maravilloso; en el momento me di cuenta que el camino que me recomendaba seguir era el correcto. Me habló de Manuel, un psiquiatra. Como la mayoría de las personas, pensaba que era solo para los locos, pero de alguna manera me convenció para que haga una visita. Muy lejos de lo que mi imaginación dibujó, me encontré con un hombre lleno de paz, de voz dulce y suave, dispuesto a ayudarme.


Me comentó sobre un tratamiento que aliviaría un poco mi dolor, y así poder transitar el duelo más estabilizado, mientras continuaba mi vigorosa sesión con Diana.

Hoy vivo en la playa, en un pueblito de pescadores, con mi hermosa mujer la cual me acompaña desde hace más de 25 años y dos hijos maravillosos, siempre intentando encontrar el equilibrio. Mis días se pasan entre el trabajo, el surf, yoga funcional y comida sana.


Todas las semanas espero el gran día, que es mi sesión con la psicóloga; siempre aprendo algo nuevo: aprendí a comunicarme mejor con mis hijos con mi mujer, con mis amigos. Además de ayudarme a comprender y sanar mi pasado, es mi GPS para la vida cotidiana.

Este testimonio puede llevar mi nombre porque siento que no tengo nada que esconder, nada que me avergüenza. Lo que puedo cambiar es de hoy para adelante.


Es una síntesis de mis primeros y hermosos 50 años de vida, espero que les sirva para darse cuenta que la mayoría de los caminos son difíciles, pero siempre pueden encontrar un ángel guardián que los acompañe a transitarlo de la mejor manera posible.


Gracias por la invitación, un beso enorme.

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