• autora anónima

El poder de la palabra para prevenir el suicidio y transformar vidas


El poder de la palabra para prevenir el suicidio

Soy una ex suicida. A mis 15 años quise morir porque un noviecito que tenía me engañó. Tome pastillas. Solo le conté a una amiga porque empezó a ver qué no estaba bien, que hablaba incoherencias. Estuve 5 días tirada en una cama dormida en mi casa y nadie se percató de lo que me pasaba.


No quería morir. Quería terminar con los sentimientos que me causaron el abandono de mi padre, la violencia de mi madre, la situación económica y las circunstancias de la vida que me llevaron a saltar la etapa de mi adolescencia, no poder terminar mis estudios secundarios, ser adulta obligada y tener que irme a trabajar para sostener mi vida.


Lo que me ocurrió ese día fue un impulso. Estaba agobiada por la angustia. Las pastillas me las había dado mi patrona. Un tiempo atrás me había ido a Rosario con mi tía y me puso a trabajar con cama adentro con un matrimonio solo. Como al principio extrañaba y no conciliaba el sueño, ella me dio unas pastillas y me dijo que tomara de a un cuarto. Cuando tomé todas las pastillas juntas estaba en mi casa. Mis padres se enteraron que dormía pero me dejaron, pensaban que yo estaba drogada y no me hicieron ver. En cambio tenía una vecina que nos conocía de chicos y era con la que mis hermanos y yo siempre hablábamos y le contábamos lo que nos pasaba. Ella nos hablaba del amor de Dios y de lo lindo que era vivir aferrados a su amor y su presencia. Tal es así que mis hermanos también fueron personas de mucha superación personal. El miedo a morir y a perderme todo lo lindo que ella me decía que podía alcanzar al transformar mi realidad fue lo que me movilizo para cambiar ese pensamiento que me llevó al intento suicida.


Gracias a Dios -creo mucho en Él- Él no permitió que muriera porque siempre le pedí y le pido que me ayude. Lo espiritual ayuda mucho cuando tenemos crisis... Hoy tengo 44 años y formé una familia. Tuve dos hijos y pude revertir esa situación. Tome ese dolor y lo que me pasó como un impulso para vencerlo e ir por más. Tengo mi propio hogar y estoy culminando el primer año de psicóloga social para ayudar a muchas personas que, como yo, hemos estado en la puerta de ese túnel y hemos podido volver.


Hoy, para mí, no hay nada más lindo que la vida. No hay nada que no pueda vencer. La muerte tocó a mi puerta y también la pude vencer. Disfruto todos los días y no me quiero morir. No tengo otra opción en mi vida, es vivir, vivir y vivir.


Si tuviera que hablarle a una niña dolida por los desengaños de la vida, que estuviera pensando en la muerte, primero la abrazaría, y la acompañaría a salir de ese túnel. Yo que lo viví puedo decir que no nos queremos morir, solo que no podemos solos. Para terminar con ese dolor que llevamos dentro pensamos que quitándonos la vida se termina y no es así.

Pasa también por la baja autoestima que una tiene en la niñez. Una va viviendo lo que le pasa hasta que llega a ese túnel. Con el alma a gritos pide ayuda pero no sabe dónde. Yo me refugie en el amor de Dios que es real, no se ve pero se siente y es el motor que te da la fuerza para vencer cualquier situación que pueda llegar a venir... Entendí también que si uno pasa por eso y sale airoso puede ayudar a otros. Ese es el propósito: que otros sean felices o quieran alcanzar la felicidad a pesar de cualquier situación.


 

Ver también:


El camino de la recuperación desde el pensamiento suicida


Reflexiones sobre el sentido de la vida en relación al suicidio


La escucha activa en la prevención del suicidio