• Alberto Fernández

El acoso escolar mata: entre todos podemos prevenirlo


El 21 de septiembre pasado, el canal C5N replicó en su cuenta de Facebook una reflexión de Julieta Cailotto, de Venado Tuerto, Santa Fe, dolida por la muerte de un chico de 15 años a causa de suicidio.


Según cuenta Julieta en su mensaje, el adolescente fue víctima de acoso escolar en una escuela local. Y, desde su dolor, relaciona ambos hechos e incluso llega a acusar a sus compañeros, a los padres, a la escuela y a los docentes. “Es culpa de todos”, nos dice, y termina con la conclusión: “Si no nos involucramos en el acoso escolar, también somos culpables"


No conocemos más detalles y, como sucede en las muertes a causa de suicidio, seguramente nadie conoce todos los detalles. Además, por respeto al dolor de sus familiares y amigos, solo traemos el caso de este chico como punto de partida para reflexionar sobre tantas muertes de jóvenes a causa de suicidio que ocurren en circunstancias similares y lo que podemos hacer como comunidad a fin de prevenirlas.


El suicidio es un fenómeno complejo por lo que no es correcto señalar una circunstancia particular como “causa”. Muchísimos chicos son víctimas de acoso escolar y no se suicidan. Sin embargo, sabemos que el acoso escolar es un factor de riesgo de la conducta suicida. Es decir, los adolescentes que son víctimas de acoso escolar tienen un mayor riesgo de muerte a causa de suicidio. Por eso decimos que el acoso escolar mata.


Sin embargo, el acoso escolar en sí mismo también es un fenómeno complejo. La estrategia de perseguir y castigar a los acosadores puede incluso empeorar la situación. Los enfoques modernos para controlar el acoso escolar, como el programa KiVa, desarrollado en Finlandia, se basan en la enseñanza temprana de valores y habilidades sociales para detener el acoso escolar antes de que aparezca.


Ver también Prevención primaria de la conducta suicida.


Lo positivo de estos enfoques, es que todos podemos colaborar: los padres como responsables primarios de la educación de sus hijos, los docentes como educadores formales y todos como modelo y ejemplo de trato amable y empático en cada ambiente donde nos movemos. Un mundo mejor es posible y entre todos podemos construirlo.


Sin embargo, aunque todos los adultos asumamos la responsabilidad comunitaria de transmitir valores y habilidades sociales positivas, esto no cambiará la situación actual. Muchos chicos y chicas sufren y seguirán sufriendo acoso escolar y, como sabemos, están en riesgo. Por eso es necesario hacer algo más para protegerlos.


Sabemos que el acoso escolar tiene el poder de generar pensamientos suicidas en sus víctimas, por eso, como adultos, debemos estar atentos y disponibles para escuchar. Todos los chicos y chicas que sufren acoso deberían poder contar con alguien que les brinde apoyo y contención.


Ver también Asistencia a Personas en Crisis o con Pensamientos Suicidas.


Respeto la reflexión de Julieta, entendemos que nace desde el dolor y la impotencia que una muerte por suicidio nos genera. Es evidente que, como comunidad, no estamos haciendo las cosas bien, no estamos cuidando a nuestros jóvenes como deberíamos hacerlo. La muerte de este chico, cuyo nombre tampoco conocemos, es irreparable, como la de tantos jóvenes que mueren en circunstancias similares, pero podemos asumir nuestra responsabilidad comunitaria para comenzar a cuidarnos mejor unos a otros. Que así sea depende solo de nosotros.