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Duelo por Suicidio - Reparando el vínculo con quien se suicidó.

Cuando una persona fallece, el vínculo con esa persona se transforma. Se pone un fin definitivo a la relación a nivel físico, pero la relación emocional perdura.


Si muere la pareja, el viudo o viuda empieza a caminar su vida sin la compañía del otro, con una nueva identidad social, relacionándose con quien falleció desde el recuerdo. Se va a encontrar pensando en lo que su pareja hubiera elegido en alguna situación y hasta incluso podrá tener conversaciones imaginarias con el fallecido.


Cuando muere un padre o una madre, los hijos que quedan no pierden su condición de tales. Recordarán a sus padres por el resto de sus vidas como quienes les dieron origen.


Cuando un hijo muere, los progenitores siguen siendo padres y madres del fallecido. No se esfuma el vínculo. El hijo o la hija ya no están físicamente, pero los padres y madres continúan sintiéndose tales.


En todos los casos el vínculo emocional perdura porque es parte de la identidad de quien queda. El vínculo cambia de cualidad porque el fallecido ya no existe con su presencia física, pero sigue existiendo en la mente y en el corazón del que quedó.


Pero la muerte no siempre nos encuentra en buenos términos con quien murió. A veces la certeza de la muerte cercana, como en una enfermedad en su etapa terminal, permite tomar consciencia de que, si hay asuntos por hablar con la otra persona, mejor hacerlo mientras se pueda.


Pero la muerte sin preaviso puede dejar asuntos emocionales inconclusos. Y en el caso del suicidio, es además la misma muerte la que daña o quiebra un vínculo.


Que exista un vínculo emocional con quien se suicidó, no quiere decir que todos los sentimientos sean sólo de amor. Sabemos albergar también otros sentimientos, como el enojo, por ejemplo.


De hecho, un vínculo dañado, ya sea que estaba dañado desde antes de la muerte o que se dañó con la muerte misma, puede doler más que la ausencia. Puede producir una mezcla de emociones supurantes que no permitan el avance fluido del proceso de duelo. En estos casos se hace necesario abordar la tarea de reparar el vínculo con el fallecido.

¿Qué quiere decir reparar el vínculo?


Reparar el vínculo con la persona fallecida tiene que servir a quien quedó, para poder continuar con su vida de la mejor manera posible.


La tarea de reparación del vínculo puede finalizar con un perdón que se otorga o que se recibe. A veces quien queda, necesita pedir perdón al fallecido por no haber podido hacer más para evitar la muerte y necesita sentir de algún modo que recibe ese perdón. Otras veces, el que queda necesita perdonar a quien se suicidó por no haberse quedado en la vida.

Cuando se trata de una persona fallecida, ya no existe la posibilidad de escuchar el pedido de perdón y ni siquiera se puede saber con certeza si quien falleció querría pedir ese perdón. O en la situación inversa, ya no existe la posibilidad de saber si quien falleció perdona a ese ser que quedó y que ahora necesita ser perdonado.


Lo que hay que hacer entonces es un trabajo interno, unilateral, personal. Porque cada uno tiene su propia relación con la capacidad de perdonar y de recibir el perdón. El perdón, tanto otorgado como recibido, es un bálsamo para las emociones. Aunque perdonar no implica necesariamente olvidar.


La terapeuta y escritora vienesa Elisabeth Lukas sostiene que: “Sólo se puede perdonar, aun no siendo obligatorio, cuando se comprenden los abismos del alma humana. Aunque, a la luz de los hechos, hay abismos incomprensibles”.


Vemos entonces que el perdón no siempre es posible y que no es el único camino para reparar una relación dañada. También se puede reparar el vínculo al lograr aceptar las conductas del fallecido, aunque no se esté de acuerdo con lo que éste eligió a lo largo de su vida.

El proceso de reparación implica:

Clarificarse los sentimientos y las emociones, hasta lo más profundo posible,

Poder expresarlas para uno mismo con total honestidad,

Poder “comunicarlas” al fallecido. Si se siente necesario, también se pueden comunicar a otra persona que actúe como testigo de la reparación personal.


Este proceso permite que quien quedó sea escuchado en su herida profunda. Habilita a que la relación continúe con un nuevo vínculo emocional, ahora que la persona fallecida “sabe” lo que siente quien quedó.


Ahora existe la posibilidad de que la herida emocional comience a cicatrizar. Sólo el tiempo permitirá evaluar el grado de cicatrización a alcanzar. Pero el cierre de la herida causada por el vínculo dañado, es lo que augura que pueda existir un camino personal.


No olvidemos que el objetivo de la tarea de reparación del vínculo dañado con el fallecido es allanar el camino para permitir que la persona pueda continuar su camino con el menor sufrimiento posible y con las mayores posibilidades de avanzar en su desarrollo.



Dra. Silvana A. Savio

Doctora en Psicología por la Universidad de Palermo (Argentina). Master en Terapia de Pareja y de Familia, por la Nova Southeastern University, Fort Lauderdale, (USA). Autora del libro: “Los que Quedaron: padres y madres que perdieron a un hijo o hija por suicidio. Libro de apoyo para un duelo consciente y reconstructivo”. https://escribomimundo.com/libros-detalle.php?libro=275



¿Quieres saber más sobre el tema del duelo por suicidio? Puedes escuchar algunas entrevistas en los siguientes links:


Audio #1:https://www.youtube.com/watch?v=PeDaf... Suicidio de un hijo: cómo se aborda la ayuda psicológica. Audio #2:https://youtu.be/SSXL9nLfZjA Duelo por suicidio: por dónde empezar?

Audio #3: La experiencia con los grupos de apoyo: 1era parte: https://www.youtube.com/watch?v=25NIIGzmx-g

Audio #4: La experiencia con los grupos de apoyo. 2da parte: https://youtu.be/wKMFzTVamFA