• autor anónimo

Día Mundial de Concientización sobre el Trastorno Afectivo Bipolar (TAB)


Nota del editor:


El trastorno afectivo bipolar (TAB) es una enfermedad crónica que sufre entre el 2 y 3% de la población del mundo y que podría acarrear consecuencias devastadoras en las vidas de quienes lo padecen, llegando en muchos casos a intentos de suicidio o suicidio. La buena noticia es que el TAB es tratable con medicación y psicoeducación. Los pacientes con TAB tratados suelen llevar vidas apacibles y han demostrado ser valiosos para sus comunidades. Por este motivo, se ha instaurado una fecha conmemorativa (el 30 de marzo) para afianzar el apego de los pacientes a sus tratamientos y para concientizar a la población sobre la necesidad de brindar apoyo a estas personas. Desde Escenarios Saludables conmemoramos esta fecha, tan importante en la prevención del suicidio, publicando una historia anónima.


 

La historia anónima:


Soy paciente diagnosticado como Bipolar y tomo medicación hace 40 años (Hoy tengo 54).Tuve un intento de suicidio hace 16 años del cual tengo consecuencias físicas. Entendí que no se debe abandonar el tratamiento médico y la apoyatura psicológica de ninguna manera. Aceptar que uno tiene una enfermedad es el primer paso para darle la atención que corresponde. Me llevó tiempo incorporar esto. Hoy escribo porque, si mi testimonio pudiera ser útil, evitaríamos a otros sufrir los daños físicos y psicológicos que yo tuve y tengo que padecer. Y para poder transmitir, desde mi convicción, que siempre la salida es por la vida. Si a lo mejor estás mal, confundido, distraído o depresivo, la idea suicida solo sirve para empeorar, distorsionar y en muchos casos, lamentablemente, eliminar el sagrado arte de vivir.


Cuando tenía 14 años empecé con episodios depresivos llegando al punto de no salir de mi casa. Ante esto los profesionales me medicaron y me dijeron, en primera instancia, que se trataba de depresión endógena. El estado en que me encontraba y además los antecedentes familiares directos (cuatro tíos con enfermedades mentales) inclinaban hacia ese diagnóstico. Los diagnósticos de mis tíos se repartían entre esquizofrenia y psicosis.


Comencé a tomar medicación antidepresiva y se produjo un cambio positivo. Retomé mis relaciones sociales, me encontraba de buen humor y mi perspectiva de vida cambió diametralmente.


Transcurrido menos de un año y estando bien me indican reducir la medicación. Como siempre viví con culpa el hecho de tener que tomar medicación acepté la baja gustoso. Luego, en un par de ocasiones, nuevamente caí en depresión, me medicaron, otra disminución y otra recaída.


Pasados 10 años ( tendría 24 de edad) y me dicen que, por las características de mi proceder y las reacciones que tengo, el diagnóstico que mejor encuadra es trastorno bipolar.


Doce años más tarde, habiendo abandonado la medicación tuve una crisis y concurrí a la guardia de un hospital de emergencias psiquiátricas. La respuesta fue que no había motivo para internación y que debía atenderme por consultorios externos. Volví a la casa de mis suegros y cuando encontré el momento me arrojé desde un cuarto piso cayendo en el lavadero del departamento de planta baja.


A partir de ese momento empecé mi rehabilitación dado que había disminuido la movilidad de ambas piernas. El compromiso a nivel medular afectó mi control de esfínteres y anímicamente estaba mal. Con el tiempo y después de muchas sesiones mejoré bastante, pero debo usar bastones canadienses para movilizarme y el control de esfínteres solo está mejor.


Hace más de dos años que con el plan de medicación estoy estable. Si bien no estoy curado, cambié la forma de mirar mi historia. Entendí que necesito la medicación para estar estabilizado. Hay otros que tienen otras patologías, necesitan determinada medicación y la toman. Me llevó tiempo pero pude superar el estigma que conllevan las enfermedades mentales. Puedo contarlo y si contribuye a alguien para sentirse un poquito mejor, bárbaro.


Ya no pienso en dejar la medicación, la necesito y la tomo. Hablando con mi doctora, acordamos en disminuir la medicación a dosis bajas con respecto a otros tiempos, y me siento bien. Pero no me preocupa tomar medicación, me satisface estar equilibrado, por mi y por mis afectos cercanos.


Tomo al pasado como un proveedor de lecciones y enseñanzas. Vivo el presente agradecido por poder disfrutarlo. Convencido de que es lo que NO quiero y descubriendo día a día lo que SÍ quiero y me hace BIEN.


 

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