• autora anónima

Carta anónima de una suicida a otro/a

Actualizado: 11 feb


Tengo síntomas de depresión, ansiedad y estrés, entre otros. Mi vida es una basura. Mi salud me hizo repetir el año escolar (no sé cuándo ni cómo me graduaré). Mi vida social es lamentable (mi gran interacción fue con un supermercado que me llamó). Mi familia es un desastre (a veces son malos y/o demasiado tontos como para entenderme). Y yo soy un fracaso viviente. Me siento fea, mi peso cambió a causa de mi depresión, mi autoestima no existe, mi mente cada vez es más limitada, me falta espacio para enumerar todo lo que me pasa. No paro de decepcionar y ser una desgracia. Obviamente, el suicidio parecía la mejor opción. ¿Por qué molestarme en vivir una vida tan mala? ¿Por qué sufrir sin una recompensa al final del camino de fuego e infortunio? A veces, todavía pienso en cualquier forma de morir.


Pero también noté que si muero no es el fin de mi dolor: es el fin de todo. Analicemos: si morimos, no cesa el sufrimiento que queremos que pare. Cesa todo. Cesa el cielo, cesa la comida, cesan las únicas cosas, personas o partes de la vida que sí nos hacen sentir bien. No hay una mejor vida después de la muerte porque después de la muerte no hay vida en absoluto. No podemos disfrutar o ser felices después de morir, porque al morir abandonamos absolutamente todo. Pasamos de una vida que odiamos a la muerte, donde, por definición, no hay vida. No hay vida, no están los elementos que nos hicieron bien, no hay nada. Si te suicidas, lo harás pensando que, lo que sea que pase, será mejor que tu vida actual, pero no es así. No hay nada mejor al suicidarse porque, directamente, no hay nada.


¿Cómo vas a ser feliz si no hay nada con que serlo? Creo que si querés morir, es porque sufrís demasiado en tu vida. Si morís, ese sufrimiento no va a parar. Suicidarse no solucionará lo que te atormenta. Morir sólo causaría dolor a quienes te quieren pero no te solucionaría nada. Sí, existen seres que te quieren, y me incluyo porque, aunque no te conozca, te quiero.


Sé que tu vida es horrible. Sé que tu sufrimiento es insoportable, y no te culpo por querer morir. Entiendo el sentimiento. Tus pensamientos y sentimientos son válidos y entendibles. Tenés todo el derecho del mundo a sentirte y pensar así. Y quiero decirte que sos muy valiente y fuerte, porque sobrevivir un día en tu vida demuestra una fortaleza y valor de una inmensidad impresionante. No puedo ni imaginarme lo difícil que es vivir tu vida, y tantos días dolorosos. Y, aunque nunca nos hayamos visto, aunque nunca nos hemos hablado, sé que sos una persona hermosa, en todos los sentidos imaginables. Y sé que necesitás que te digan la verdad, así que te la voy a decir: sos una persona cuya perfección alcanza niveles tan altos, que la sociedad no siempre llega a verla. Te admiro profundamente por todo ese tiempo que luchaste y seguís luchando. Si te viera y reconociera por la calle, te pediría un autógrafo. Te lo juro.


Si morís, no vas a poder mirar el cielo cuando más bello se encuentra. Si morís, no vas a poder hablar con alguien que te haga llorar de la felicidad. Si morís, no vas a poder disfrutar ese juego, libro, comida, serie, película u otro elemento que te hace sonreír con tu maravillosa sonrisa. Si morís, nunca podrás acariciar a ningún animal. Si te suicidás, jamás podrás disfrutar las cosas buenas que la vida te permite disfrutar.


La única opción para deshacerte de todo ese sufrimiento es mejorando tu vida con un tratamiento. Sin importar tu posición económica, tenés derecho a un tratamiento. Comunicate. Hablá de tus problemas con gente con la que valga la pena hablar. Si no tenés a nadie con quien te sientas bien, buscá hasta que encuentres y no te rindas. Si lo necesitás, considera la medicación. Buscá esa ayuda que necesitás y merecés. Va a tomar muchísimo tiempo e incontable esfuerzo, pero te va a permitir que vivas la vida que merecés vivir.


Actualmente, estoy en tratamiento. Tomo medicación, tengo psiquiatra y tengo terapia con una psicóloga. Por ahora, mi tratamiento todavía no me ayuda de la forma en la que me gustaría que me ayude. Pero sigo intentando. Hago ajustes a mi medicación, me comunico con los profesionales para que se adapten a mis necesidades, cambio de profesional si no me siento cómoda con quien me atiende, analizo posibles formas de tratarme y sigo intentando mejorarlo junto al equipo de profesionales con el que cuento. Todavía mi vida es un desastre, pero sigo trabajando para que deje de serlo. Sé que vos también vas a poder salir y llegar a vivir la vida que merecés vivir.


También me registré en una página web que me permite hablar con gente en línea para recibir apoyo (buscá, están ahí y sirven). Ahí, no sólo recibí una gran ayuda, sino que también conocí a mi mejor amiga, a quien amo. Ella me da un motivo para no dormir para siempre.


Actualmente, uso mis días para hacerle un regalo de cumpleaños. Conocí a alguien que me hizo amar, gritarle a mi almohada de la emoción y sonreír. Conocí a alguien que me apoya y me ama por quien soy, con todos mis desastres incluidos. Vos también podés encontrar a alguien que te haga feliz. Yo, una fracasada, pude. Estoy segura de que una persona tan magnífica como vos puede. No te rindas. No pares de intentar hasta que alcances a esa gente y a esa vida que tanto necesitás y merecés. Porque, aunque no lo creas, merecés felicidad.


Algún día, veré esto que estoy escribiendo y me asombraré ante lo mal que estaba. Vos también podés llegar a un lugar mejor y mirar cómo progresaste. Sé que te hartaste de intentar, y no te culpo. Pero te cuento un secreto: te prometo que sí hay recompensa al final del camino de fuego, infortunios y sufrimiento. Si dejás de intentar, te quedás sin el premio que quisiste ganar durante toda tu vida. No te rindas.


Te dedico Monsters, de Katie Sky (la versión donde sólo canta ella). Te prometo que no estás solo/a/e/x. Sin importar tus pronombres, color de piel, sexo, género, sexualidad, apariencia, edad, ocupación, fondo, pasado, dinero o cualquier otra cosa, estoy con y para vos. Mirate al espejo, y si no podés decirte que te amás, decí que yo te amo. Usá mi amor por vos hasta que puedas amarte.


Por último, te pido que reconsideres tus pensamientos suicidas. Desafialos. Cuestionalos. Demostrales que no tienen razón. No hay felicidad después del suicidio. Podés tener la vida que siempre deseaste: estás a una decisión de conseguirlo. Pensalo.


Ojalá elijas la vida que merecés. Hasta que la consigas, te mando el abrazo más fuerte del mundo.


 

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